Sobre el mecanismo de elección de rector en la U. Nacional

Creado en Lunes, 19 Marzo 2018

El exrector de la U. Nacional, Fernando Sánchez Torres, sugiere que un consejo de exrectores podría ser una figura que evitaría la contaminación política en la elección de rector de esa IES. Tomado de El Tiempo

Mediante el acuerdo 02 de 2017, el Consejo Nacional de Educación Superior (Cesu) estableció la ‘Política pública para el mejoramiento del gobierno de las instituciones de educación superior’. En él se recomienda que en la elección de rector deben considerarse mecanismos de participación de la comunidad educativa, sin que sean vinculantes ni tenidos como los únicos mecanismos de elección. Tal recomendación es de carácter general y, por lo tanto, cobija también a la Universidad Nacional (U. N.), cuyo Consejo Superior es el encargado de reglamentar los mecanismos apropiados.

A raíz de la reforma constitucional de 1968 se facultó al Presidente de la República, a los gobernadores y a los alcaldes para designar a los rectores de las universidades públicas de carácter nacional, departamental y municipal, respectivamente.

Luis Carlos Galán y Antonio Yepes Parra, como ministros de Educación, y Gerardo Molina, como senador, abogaron por dejar a las universidades públicas en libertad para elegir sus rectores, lo cual solo se logró en 1993.

En el 2005, la Nacional incluyó una consulta a profesores, estudiantes y egresados, que ha venido siendo malinterpretada al tomarla como mecanismo válido de elección, cuando es solo de selección.

La escogencia del último rector, el profesor Ignacio Mantilla, suscitó gran malestar al ser designado por el Consejo Superior no obstante haber ocupado el tercer lugar en la consulta. Esta decisión del Consejo fue interpretada por algunos como una burla a los electores y como una jugada política del Gobierno para imponer su candidato, aprovechando que el Presidente de la República tiene dos representantes en el Consejo.

En la actualidad, la provisión del cargo de rector en la U. N. está precedida de una convocatoria pública, que puede ser atendida por todo aquel, o aquella, que llene unos requisitos obligatorios. Quienes los cumplan irán a la consulta (electrónica), advirtiendo que la abstención masiva ha sido una constante. Los cinco primeros favorecidos pasan luego a consideración del Consejo, para analizar sus hojas de vida y la visión que cada uno tenga del presente y futuro de la universidad. El mejor calificado, según criterio de la mayoría de consejeros, será elegido.

Uno de los inconvenientes anotados al mecanismo de la consulta es la contaminación inevitable por la política partidista. Para algunos profesores y estudiantes, el rector ideal es aquel que se identifique con la corriente política que profesan.

Cuando fui rector de la U. N., el Presidente de la República era quien elegía. Este mecanismo fue eliminado posteriormente, aduciéndose que conspiraba contra la autonomía institucional, y por su eventual compromiso político. En mi caso no ocurrió ni lo uno ni lo otro. Siendo yo liberal, fui nombrado por un presidente conservador. Puedo dar fe de que el presidente Betancur fue extremadamente respetuoso de la autonomía y además de que estuvo cerca de las directivas de la universidad. En dos ocasiones presidió el Consejo Superior para escuchar directamente nuestras quejas.

Hoy, el rector está muy distante del Presidente, dando la impresión de que el Gobierno nada tiene que ver con la universidad.

Ante la proximidad de relevo en la dirección de la U. N., bien vale la pena repensar para el futuro el mecanismo de elección del rector. Creo que la instancia indicada para nominar una terna de entre los aspirantes inscritos podría ser el Consejo de exrectores. De esa terna, el Consejo Superior, o el Presidente de la República (volviendo al régimen anterior a 1993) designaría el rector. Así se evitaría la contaminación política, que induce al descontento. En caso de que fuera el Presidente, este se sentiría más comprometido con la suerte de la universidad.