Los factores endémicos de la crisis en Colciencias

Creado en Lunes, 29 Enero 2018

Lucy Gabriela Delgado es una de las personas que mejor conoce la crisis de la ciencia y la tecnología. Fue directora de Fomento de Colciencias, es investigadora, profesora de la U. Nacional y miembro ed la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Devela, en Razón Pública, la situación.

Otro falso positivo

Los logros proclamados por los últimos gobiernos en materia de ciencia y educación se parecen a los “falsos positivos”, el tenebroso capítulo de la historia de Colombia cuando personas civiles -inocentes y pobres- se hicieron pasar por delincuentes muertos en enfrentamientos con las fuerzas militares. Resultados a cambio de “recompensas”.

El problema de fondo es ignorar o no tomar en serio al conocimiento como eje transformador de la sociedad y de la economía colombiana, de lo cual se desprende la escasez de recursos que el Estado destina a la ciencia y a la educación. No existe una política que vaya más allá de los gobiernos- es decir, una política de Estado- que permita contar con un sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) realmente articulado con el sistema educativo, particularmente con la educación superior-

La nueva crisis de Colciencias - que culminó con la destitución del director que había sido designado unos meses atrás- volvió a mostrar las consecuencias de tener ocho directores en otros tantos años del mandato de Santos: cada director llega a trabajar en lo que cree que se necesita, y sobre todo trata de exhibir resultados para agradar al Presidente. Tanto así que un viceministro de Comercio, Industria y Turismo en un Consejo del Programa de Ingeniería en Colciencias, indicó que sus metas serían las que le había indicado “su cliente, el señor Presidente”.

Algunos directores de Colciencias rechazaron la presión para mostrar resultados, otros no. Desde la Secretaría General de la Presidencia se remitían hojas de Excel cada tantos días para anotar los logros del gobierno. No era una opción decir que no había nada valioso o relevante para reportar.

La recompensa: ser invitados a Palacio, ser reconocidos como los más eficientes, ser promovidos a cargos más importantes…similar que los estímulos para que los militares reportaran más “bajas en combate”.

Lo importante es parecer

Algunos directores de Colciencias eligieron entregar becas “…como algo nunca visto en el país”, también se propusieron llevar a Colombia “al tercer lugar de los países más innovadores de América Latina en 2025”, o hasta iniciar un desarrollo satelital.

En su libre albedrío —y sin política de Estado—, los directores pretendieron mostrar hechos ‘tangibles’. Pero así se olvidaron de lo más importante: en materia de educación y de ciencia los logros importantes siempre son de largo plazo. Como eso no se ha comprendido, algunos de los directores han roto récords al alcanzar —en el papel— lo que su jefe quiere oír y publicitar, no lo que Colombia necesita.

La comunidad académica ha sido menospreciada, entre otras cosas, por haberse vuelto incómoda para el gobierno por sus permanentes llamados de atención. Su participación ha sido marginal. Cuando se convocan académicos, se les hace firmar asistencia en planillas usadas “como prueba” de que se tuvieron en cuenta sus opiniones sobre los temas o convocatorias de los sectores: una estrategia para validar decisiones ya tomadas.

Algunos de los “falsos positivos” que han servido para satisfacer los requisitos del ingreso a la OCDE son:

  • La financiación de becas —sin proyectos—;
  • La formación doctoral en Colombia y en el exterior —sin focalización y sin plan de retorno—. En la realidad, el programa de doctorados ha conducido a que con recursos públicos colombianos se apoye la fuerza productiva de otras naciones, pues no hay un verdadero programa para que los doctores regresen y le aporten al país

En Colombia, particularmente para el gobierno Santos, no se necesita experiencia en gestión de la ciencia para llegar a dirigir la entidad que orienta y financia su desarrollo. Cuando en medio del escándalo reciente de Colciencias se preguntó a la Ministra de Educación sobre la escogencia de una persona proveniente del sector defensa como Director de Desarrollo Tecnológico e Innovación de esta entidad, la ministra respondió que “…cualquier tarea que le ponga en la vida la va a sacar adelante y la va a sacar bien”. Bastan las ganas y la confianza ‘para medírsele a cualquier tarea’.

La obsesión de ingresar a la OCDE nos ha llevado a proclamar metas ambiciosas, que por supuesto se quedan en papel. Por ejemplo, el presidente Santos se comprometió con un cheque simbólico a invertir en este año el uno por ciento del Producto Interno Bruto en “actividades” de Investigación y Desarrollo; pero la mitad de los fondos serían aportados por el sector privado, un compromiso del cual los empresarios ni siquiera se habían enterado. Lo importante es sonar bien.

Aunque el afán de mostrar resultados inmediatos les hizo daño a casi todas las políticas, una de las que más sufrió por la falta de sustento técnico fue la fusión de los Sistemas de Competitividad y Ciencia, Tecnología e Innovación.

El “falso positivo” quedó claro cuando algunos académicos indagaron por el fundamento de esta decisión. La razón fue muy “simple”: cuando el gobierno presidía los consejos y reuniones del sistema de competitividad, en la mayoría de casos asistían las mismas personas que acudían a los consejos de Ciencia y Tecnología. Además, algunos temas “parecían relacionarse”. Así, sin datos ni análisis, por simple pragmatismo logístico resultó más ‘eficiente’ fusionar ambas reuniones y por ende ambos sistemas. Transparente e inocente la respuesta; irresponsable la decisión.

Más allá de la posible corrupción

Es verdad que no hay políticas de Estado, pero tampoco de gobierno. Por eso Colciencias tuvo al menos ocho políticas distintas durante los últimos ocho años.

Eso explica por qué el último ex director de Colciencias decidió emprender un proyecto de desarrollo satelital que no había sido declarado una prioridad en el país. El proyecto fue respaldado mientras le sirvió al gobierno para exhibir que teníamos un científico de la NASA repatriado al frente de la entidad.

Tras el escándalo de aparente corrupción, queda la sensación de que el problema es de Colciencias. Pero no es así. El problema es más complejo y pasa por el profundo desconocimiento del valor del conocimiento por parte del estamento político. Fotos, anuncios y eventos parecen ser las metas efectivas de la ciencia, la tecnología y la innovación en Colombia.

Con ese afán de publicar resultados, el sector educativo corrió la misma suerte. Tras el trabajo de más de dos años que siguió a la fallida reforma de la educación superior, se alcanzó el “Acuerdo por lo Superior 2034”, propuesta que a su vez se archivó al inicio del segundo periodo de Santos.

El gobierno quiso alcanzar un objetivo noble por un medio pobrísimo. Buscando promover todos los niveles de formación obligatorios para el desarrollo y la productividad, el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 dispuso crear un Sistema Nacional de Educación Terciaria: una mala copia y pésima adaptación del sistema de Educación Terciaria de la UNESCO. Por falta de bases conceptuales, el Sistema de marras encontró muchos detractores y acabó siendo archivado parcialmente.

El Sistema tenía planteamientos sin sustento: “pasarelas” para que los técnicos pudieran titularse —no formarse— en menor tiempo y con potencial mejor remuneración salarial. Claro que el país necesita técnicos, tecnólogos, sin duda justamente remunerados, pero la calidad y las competencias proyectadas para cada nivel sólo se logran a largo plazo, garantizando currículos pertinentes e instituciones sólidas, no sólo a base de simular indicadores y de entregar títulos.

Los técnicos y tecnólogos en Colombia no reciben —en su mayoría— la formación, las competencias y los conocimientos necesarios para que en su ejercicio laboral aporten lo esperado.

Por fortuna quedó en el camino un fallido “falso positivo”: la propuesta de titular a los técnicos en maestrías exprés (que usarían el famoso ‘fast-track’ para darle viabilidad jurídica).

Hay salidas

El próximo presidente enfrenta un reto enorme: reconocer que se puede asesorar mejor de quienes saben y se han preparado en áreas específicas; que debe buscar lealtad institucional y no personal.

Los políticos y los científicos se necesitan entre sí, y por eso sugiero algunas ideas para evitar que bajo el próximo gobierno se repitan los “falsos positivos” en ciencia y educación:

  1. Los docentes e investigadores del país pueden destinar espacios en sus aulas para debatir con los estudiantes los programas de los candidatos en materia de ciencia y educación.

Una activa participación electoral por parte de los docentes implica hacer pedagogía en sus clases. Como dice Julián de Zubiría: “Si tu candidato no sabe cómo cambiar la educación [y la ciencia], cambia de candidato”.

  1. Promover el Pacto Nacional por la Ciencia y la Educación (y demás sectores sociales), donde consten los compromisos mínimos para la financiación a largo plazo de las políticas de Estado en estas materias.

En este acuerdo debe quedar claro que las directivas de las instituciones cabezas de los sectores serán seleccionadas sobre la base de sus méritos. Que los mandatarios incluyan en sus equipos a profesionales con formación, experiencia, perfiles y logros en la gestión y administración de la ciencia y la educación. Que dirigir Colciencias o el Ministerio de Educación sea el culmen de una carrera reconocida y exitosa en esos sectores.

  1. No más “loterías de la suerte” en instituciones claves para el desarrollo del país. Propongo que los sectores de ciencia y educación apoyen a candidatos que entiendan que “el primer acto de corrupción que comete un funcionario público es aceptar un cargo para el que no tiene las competencias necesarias”. Lo que también aplica para quien lo ofrece.