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Universidad: protesta, luto y luto y luto… PDF Imprimir E-mail
Viernes, 23 de Marzo de 2012 08:09

Jeffer Harvey Cabezas y Fabio Alejandro Casas[1], escriben desde Tunja, con el dolor producido por la muerte de un estudiante de la UPTC, en confusos disturbios en los que intervino la fuerza pública. El lamentable hecho genera dudas en torno de las responsabilidades universitarias. Como dicen los autores, "este documento surge como una llaga, desde la más diáfana tristeza, como la sangre que estalla en los dolores humanos. La Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia está de luto. Parece ser un augurio, y a manera de excusa, un mismo día conmemorativo a una muerte, se riega sobre la misma calle nuestra agua vital".

En memoria…de Edwin Ricardo Molina Anzola (Oct 30 – 1987  -- Mar 21 - 2012)

Quizá no baste con conmemorar la muerte de un estudiante caído hace un cuarto de siglo. Ahora también sucede que debemos pensar en el movimiento estudiantil y sus diferentes formas de actuación frente a una sociedad. Lo que sucedió hace unos días no puede repetirse: es un accidente que implica un retroceso, sobre lo que la mayoría de estudiantes habían venido construyendo mediante otras alternativas de protesta. La reforma propuesta por el gobierno a la ley 30 se vino abajo a través de un diálogo concertado, de discursos alternativos y de didácticas emergentes que suponían otra manera de encarar los órdenes establecidos.

En realidad, en las anteriores manifestaciones, Cabezas y Casas  (2011) los estudiantes salieron a la calle para mostrar su inconformismo, girando alrededor de la incertidumbre, con pancartas, arengas y antorchas, decíamos en un anterior artículo, en otras palabras, de manera pacífica y dueña de una plenitud argumentativa sobre la reflexión de la universidad y su futuro.

Pero esto ha cambiado significativamente con lo que sucedió. Por ejemplo, una de las metáforas favoritas de los profesores es que sus estudiantes son como hijos. En realidad, hemos dejado en un abandono absoluto, como padres, a nuestros estudiantes. En otras palabras, esto no solo es culpa de un movimiento estudiantil desarticulado, sin reflexión profunda sobre sus problemáticas, sino también de un profesorado que mira detrás de la valla las inútiles luchas de sus hijos. Y si vamos más lejos, la pregunta profunda sería, como en aquella película barata: ¿en dónde está el policía, los directivos, los administrativos y, por extensión, la Universidad misma?

Esta problemática no es solo de ellos, de los hijos abandonados – para volvernos a citar en aquel artículo de zozobras y oportunidades-, “el profesor, bajo contadas excepciones, parece un fantasma, no se hace presente en medio de esta devastación, cuando en verdad, esta lucha es y debe ser suya; asimismo, otros seres están afuera de la escena: los padres de familia, el profesorado nacional, los rectores, la sociedad en general, porque no se está hablando de una afectación a los estudiantes universitarios, sino a todos los colombianos, como perdedores directos de este desastre”.

Retomemos algunos apartes, porque parece ser que no hemos sido leídos, ni como estudiantes, ni como profesores, ni como familia, en fin ni como sociedad; lo que se ha vivido, ya se había predicho y planteado como una manera diferente de expresar nuestras inconformidades:

“Los mecanismos de protesta deben volver al discurso que reivindique nuestro derecho fundamental a la educación; hablar con la voz del corazón estudiantil, salir a las redes sociales y plantear propuestas de discusión y negociación; incluir a los profesores de educación básica y secundaria; en todo caso, una protesta que incluya a todos, como una voz totalizante de un deseo nacional.

“Clarificar el lenguaje de las manifestaciones es una vía dialógica, pues no solo hace parte de los estudiantes, sino que también está consagrado en la Constitución Política; desde esta perspectiva, no se le puede seguir dando la razón al gobierno, en el discurso sin sentido de que la universidad es un espacio para resguardar formas de violencia y terrorismo. Es necesario identificar nuestras carencias y movernos a su superación, mediante un nuevo gesto comunicativo.

El hecho de que le demos prioridad a un lenguaje dialógico, participativo y democrático, significa que las vías de hecho enfrentan solamente a damnificados, mientras las personas que detentan el poder se limitan a ordenar y mover sus fichas de ajedrez. En otras palabras, la figura que se encuentra al frente de los estudiantes y que se ve como un adversario, también es un ser humano que asimismo sufre esta derrota.

De todos modos, esto también nos remite a que la universidad tiene un problema en sus bases, en sus fines, en la manera de tratar al ser colectivo que le da razón a su existencia: la comunidad educativa universitaria. De otra parte, el estado y su presencia en la universidad, solo se mide con la cantidad de policía que llega a controlar el orden público: también seres humanos que están cumpliendo la lógica de su trabajo, para sostener posiblemente a una familia. La otra situación tiene que ver con el manejo de los medios de comunicación de cara a este tipo de sucesos, puesto que colorea amarillentamente el dolor de unos sujetos, de unas familias, de una comunidad que reclama desde su policromía una mejor nación, un diferente tratamiento a la verdad, a la vida humana.

En todo caso, este suceso de nuestra universidad pública vuelve a sacudirnos y plantea la necesidad de comprender que ya no estamos en la edad de piedra, que podemos superar  la edad de la papa y su estallido, que  los estudiantes no pueden seguir arriesgando la vida de sí mismos y de los otros que son parte de su misma esencia  -humanidad-, que solamente, debemos penetrar en la profundidad de un diálogo que sea capaz de dignificarnos como seres humanos en la igualdad y la diferencia.

Referencias.

CABEZAS, Jeffer. Y CASAS, Fabio (2011). La zozobra de la universidad: Entre el desastre y la oportunidad. Observatorio de la Universidad Colombiana.

TAMAYO Alfonso (2010). Sentido y significado de la universidad pública. Observatorio de la Universidad Colombiana.

[1] Estudiantes, profesores, trabajadores, egresados…en fin familia…UPTC.

 

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