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Disyuntivas rectorales |
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64. ¿Desarrollar programas técnicos profesionales y tecnológicos terminales o por ciclos propedéuticos? |
| La Universidad y el Campo: Una relación por deconstruir |
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Abril 20/11 Jeffer Harvey Cabezas y Fabio Alejandro Casas problematizan el campo y la universidad de hoy, desde algunas situaciones específicas, que se dan en el ámbito colombiano, oponiendo las finalidades económicas de carácter capitalista a las perspectivas que defienden la autonomía y la condición académica y científica del campo y la universidad. En ese sentido, el texto utiliza un método argumentativo, desde la herramienta del ensayo, con base en autores que han pensado la universidad y el campo, como centros académicos de investigación y extensión.Cavad la tierra donde sea y encontrareis un tesoro...
Sólo que debéis hacerlo con la fe del campesino. Khalil Gibran Pensar la universidad de hoy conlleva implicaciones de carácter político, histórico, económico y, por supuesto, de carácter social. La universidad de hoy, por consiguiente, debe ser concebida no sólo como un producto más, sino como una institución de servicio a la comunidad, como ente académico, capaz de generar conocimiento y como una tierra perdurable en el tiempo y susceptible de nuevos sembradíos y cosechas. El hecho de que siga considerándose como un producto hábil de ser explotado, en función única y exclusiva de su carácter económico, ha provocado una crisis desde hace ya varios años, como lo denota Boaventura de Sousa (2006), en su libro: “La universidad en el siglo XXI: Para una reforma democrática y emancipadora de la Universidad”. Para desarrollar la universidad, no sólo se requieren unas políticas académicas y económicas: es necesario que vuelque sus ojos sobre el campo, sobre sus posibilidades y necesidades. El concepto de vulnerabilidad y de pobreza que hoy por hoy sacude nuestros campos como sinónimo de miseria, no ha tenido la repercusión necesaria en nuestras universidades. Sanabria (2010) piensa que “si la universidad es incapaz de llegarle al campesino… de qué le sirven tantos títulos”. Estas palabras del sociólogo reflejan una separación abrupta entre la universidad y el campo. Esto conlleva algunas situaciones sociales de la educación superior, tales como la hegemonía, la legitimidad y la crisis institucional, se vean distorsionadas. Es importante pensar hasta qué punto se puede afectar la educación superior en la medida, en que no piense el campo como una posibilidad de generación y producción de conocimiento, lo que innegablemente, también posibilitaría productividad económica y social. Hoy por hoy, la universidad y el campo, ven amenazadas su autonomía y libertad para ejercer su papel. Diferentes tratados y acuerdos jurídicos, el reciente escándalo de Agroingreso seguro (seguro para unos pocos), el desplazamiento forzoso, la expropiación de las tierras, se convierten en uno de los principales peligros para la economía de nuestro país y son el reflejo de la separación de la que hemos venido hablando. De la misma manera, la universidad vive estados de crisis paralelos: los recortes de presupuesto, la mirada remota y poco protectora del gobierno. Cuando esto sucede, se privilegia la desigualdad en la producción del conocimiento, la pérdida de identidad cultural, la pluralidad y el respeto por el otro, formando en las instituciones de carácter superior y en otras, tales como, la escuela, la iglesia, la familia… núcleos de inconformismo y vacíos de conocimiento. Desde esa perspectiva, también es necesario que la universidad fundamente conceptualmente y exponga a la luz las dimensiones tan amplias que conlleva el feudalismo, el desempleo, la corrupción y los intereses políticos enrarecidos, que proyectan en el campo más miseria. En este sentido, la Universidad colombiana se enfrenta al importante reto de la globalización, teniendo como derrotero fundamental el de posicionarse, desde su propio contexto, ante la mirada de los grandes entes internacionales de conocimiento. ¿Pero qué implica realmente que la Universidad colombiana se suscriba en el fenómeno de la globalización, un fenómeno del cual ya no podemos ocultarnos? No puede significar ir en contra de la corriente globalizante, significa que nuestro contexto no puede ser evitado y ello involucra la comprensión del campesino como ser humano y como parte de un importante conglomerado o colectivo, frente a su entorno. La investigación, la tecnificación, la biodiversidad, pero primordialmente, la educación, entendida como una posibilidad que le brinde al campesino la oportunidad de comprender su mundo, como una oportunidad de democratizar la tierra, desde diversas aristas, constituyen una invitación para que sea la Universidad la que encuentre caminos, para resolver esta brecha. Según Pablo Guadarrama (2003), la globalización se debe de entender “como un fenómeno de naturaleza eminentemente política, social y económica que tiene sus raíces profundas en el necesario proceso de internacionalización de las relaciones capitalistas del mundo contemporáneo”[1]. En otras palabras, la globalización absorbe el sistema educacional en los diferentes estados alrededor del mundo. Por ello, se hace urgente el hecho de repensar y re-crear una Universidad, enmarcada en el contexto de la Glocalización, como ya lo expondría el maestro Orlando Fals Borda, desde el ejercicio de múltiples propuestas, que apunten hacia la generación del conocimiento como bien público. En otras palabras, si la universidad piensa en el campo, no perderá su identidad, encontrará un vínculo con su contexto inmediato, producirá un eco profundo desde sus diversas connotaciones, para responder a las necesidades de un país donde la incertidumbre es cada día más implacable. Sin embargo, no son sólo los lazos entre Universidad y Campo, entre Universidad y Campesino, son los que deben estrecharse. Es necesario, establecer un diálogo, una articulación entre universidad, campo, empresa, estado, cuyos resultados propicien una reforma agraria que esté en beneficio de nuestros servidores, los campesinos. Por consiguiente, se puede pensar que si se desarticula el vínculo necesario entre, universidad y campo, no habría razones para sitiar y contextualizar al campo y la universidad en un tiempo y en un lugar determinados; de hecho, esto nos exhorta a dudar de que la crisis actual de la Universidad y el Campo pueda tener su origen en la noción de búsqueda de la verdad, impuesta por terceros; esto nos convida a pensar en el papel que pueden tener las universidades en el desarrollo de la comunidad campesina, en la tecnificación agraria y en la destrucción de la miseria. De manera que observamos, con premura, que la Universidad se encuentra ensimismada en una doble presión: la de una sociedad que exige mejor desempeño frente a la demanda de empleo dentro del contexto social y la de una juventud que reprocha el servilismo, frente al orden establecido y plantea un concepto de oposición liberadora. De acuerdo con lo anterior, es labor imprescindible que la Universidad, dentro del marco de responsabilidad social que ostenta, sea pensada desde las potencialidades que su entorno goza, generando políticas pertinentes en cuanto el desarrollo de sus comunidades. Es en este sentido que la Universidad se convierte en generadora de procesos sociales, cuyo camino es el del progreso de sus regiones, en donde la emancipación del sujeto pueda lograrse reconociendo los ámbitos de igualdad y diferencia. De esta manera, serían posibles la interacción con el otro, el uso de un pensamiento reflexivo, la promoción de la cultura social y la formación de sujetos libres, capaces de generar su propio conocimiento. Sin embargo, no ha de olvidarse que la universidad debe ir más allá de las buenas intenciones, puesto que el mundo globalizado de hoy exige que nos pongamos en procura de hablar un lenguaje, que sea capaz de entender nuestras similitudes y diferencias. Por esto, la breve disertación que aquí se plantea, sólo quiere brindar algunas pautas que permitan un acercamiento por parte de la Universidad al Campo, al campesino. Como corolario del artículo y con la pretensión de ir más allá de las quejas y del lamento sin fundamento, aparece sin una finalidad dogmática y totalitaria, un esbozo propositivo. La propuesta, en síntesis, da cuenta de una reflexión sobre lo que puede ser la Universidad y el Campo; asimismo ofrece unas pautas, que se preocupan por los aspectos presupuestales, políticos y sociales, pero primordialmente, pautas que se preocupan por el campesino, por el profesor, por el estudiante de hoy, por los métodos, por los modelos pedagógicos y, en fin, por el interior mismo de esa relación inextricable que constituyen la universidad y el Campo, como facilitadores directos de una universidad humana, contemporánea y posible.
De acuerdo con Ernesto Mays, “La Universidad, como tal, es una institución. De las más venerables y eficaces que el ingenio humano haya podido diseñar para satisfacer una perenne necesidad de su propia condición: la de crear nuevos saberes, transmitirlos y difundir sus energías transformadoras sobre la necesidad”[2]. Lo anterior implica realizar una mirada crítica de lo que realmente se está haciendo en las universidades, con respecto al campo y al campesino, con el fin de connotar las debilidades, fortalezas y oportunidades, que desde el entorno se dan, a partir de la toma de conciencia y sensibilización, en favor de una sociedad consciente de sus problemáticas, de sus posibles soluciones y, sobre todo, de su existencia misma.
Durante los últimos años, las tecnologías de la información han incrementado su alcance; es así que se puede entender por sociedad del conocimiento “la interacción de redes virtuales de información a partir de centros o nodos de producción de conocimientos disponibles para todos en cualquier lugar del planeta”[3]. La postura anterior implica la posibilidad de interactuar con otras disciplinas, con otras culturas; esto supone que las sociedades que no las produzcan o no se apropien de ellas se verán relegadas y subyugadas ante las que invierten en las tecnologías de la información y comunicación, puesto que “Las tecnologías de la información y el conocimiento definen, sin embargo, al mismo tiempo, las oportunidades de un orden social, económico y político”[4]. Y no se olvide que la primera tecnología del campesino fue su saber, su azadón como extensión de la mente al brazo del hombre.
La educación debe buscar una recontextualización acorde con los acumulados sociales, con los aprendizajes orientados a la acción y con una cultura política que propenda la inclusión, es decir, en búsqueda de lo público para procurar una ciudadanía colectiva, en la que la alteridad de los intereses del otro sea respetada y representativa. Una educación donde se aprenda a aprehender, iniciando con la transformación desde adentro de la institución educativa mediante el consenso, de tal forma que la actividad educativa permita formar sujetos con autonomía y creatividad, con capacidad de identificar las problemáticas y proponer soluciones a partir de acuerdos, sin perder de vista la ética propiamente dicha, los intereses tanto personales como sociales. Así las cosas, la actividad educativa buscaría la transformación de cada sujeto, de los colectivos y de las organizaciones sociales, a través de la negociación cultural y el intercambio con los otros.
De acuerdo con lo anterior, emerge con bastante solidez la pedagogía crítica, que se presenta como una de las teorías de mayor fuerza y que sustenta el cuestionamiento a la reproducción de la situación de marginalidad, propia del sistema educativo tradicional. Poner en escena este juego teorético implica el compromiso de subalternidad, de la cual se acusa no ser totalmente consciente. El sujeto debe propender una conciencia de realismo, en estado de alerta de su verdadera realidad, para poder evolucionarla; es decir, pasar de subalterno dominado a lograr la libertad de su propio ser. En consecuencia, se trata de una elección que permita formar hombres y mujeres propiamente auténticos y no copiadores acríticos. Todo ello se puede alcanzar, mediante el vínculo entre crítica y educación, asumiéndolas como un proceso colectivo de generación y comunicación de conocimientos.
La teoría del caos llevada a la Universidad, como modelo posible para pensar la en la transdisciplinariedad, como una herramienta que aminore la brecha entre los conocimientos disciplinares, como arandelas sueltas y los conocimientos que se entrelazan y se articulan de múltiples formas con la vida y la experiencia misma de los sujetos que viven la universidad y el campo. De ahí que la transdisciplinariedad, sean un objetivo preponderante en los procesos académicos e investigativos. De ahí que se observe desde el aula su proyección social, sin que se conviertan en un factor de negocio o factor de ingresos para la Universidad, sino más bien, como un factor de responsabilidad social, donde la sociedad vea en la universidad un ente generador de conocimiento, así como un punto de solución a los diferentes problemas del contexto. Por ello, los procesos educativos no se deben de plantear desde una mirada lineal o plana, sino aduciendo a la teoría del caos, observando y viviendo la inmensa complejidad de la ya compleja comunidad educativa. Hacia una oportunidad de cambio La presente propuesta de Universidad surge como el resultado de una labor consciente, en la que ésta se asume en función de un módulo integrador de valor, conocimiento y aventura, consecuente con la visión de beneficiar a la nuestra comunidad campesina. Derivada de lo anterior, la propuesta se desarrolla desde la pedagogía crítica, pues ésta no desconoce que el sujeto de saber, día por día, se enfrenta a una amplia gama de contextos, que se deben entender, no sólo como el lugar donde se desenvuelve, sino como el saber teórico que éste tiene y la oportunidad para transformarlo con el otro, para hacer uso de él en su situación inmediata y cotidiana; del mismo modo, uno de los postulados significativos de la pedagogía crítica radica en que el maestro se cuestione, de manera constante, desde su quehacer y su relación con la comunidad. De acuerdo con lo anterior, la Universidad propuesta para el campo de hoy, está encaminada a la formación de sujetos que desarrollen un pensamiento crítico. De igual manera, en esta perspectiva, el sujeto se convierte en guía de viejos y nuevos saberes, con el objeto de que el estudiante los descubra y los trascienda con su reflexión. En consecuencia, se piensa en un estudiante que comprenda frente a sus intereses personales, es un ser inmerso en la sociedad, en donde el trabajo en colectivo brinda la posibilidad de relacionarse con los demás y con su entorno (el campo), de manera que alcance un mayor conocimiento; es por esto que el maestro debe crear un ambiente de reciprocidad con sus comunidades, donde el punto clave de tal interacción sea la curiosidad y una actitud cuestionadora. Interactuar en el interior de la comunidad educativa universitaria no es posible sin haber concebido un macro-mapa conceptual, teórico y práctico que permita concretar una serie de procesos conducentes a extrapolar el papel de la Universidad y el Campo. De acuerdo con lo anterior y, a manera de clausura temporal, se proponen las siguientes pautas de actuación que consideramos estratégicas, puesto que dan cuenta de un proceso, que permitió hallar un derrotero común en procura del crecimiento de las Universidad y el Campo, sin perder de vista las directrices fundamentales que ostentan. Las pautas
En conclusión, si la Universidad no se transfigura en un espacio que fundamente un espíritu crítico, si no promueve ámbitos de innovación científica y cultural, si no establece un dialogo abierto con el campesino, será apenas una estructura que amenaza ruina y desesperanza en este campo virgen y por explorar, una estructura empujada por una sociedad que le exigirá siempre más atención, y atraída en sentido opuesto por una juventud, que reclamará redimir el espíritu crítico sin fronteras. BIBLIOGRAFÍA GUADARRAMA, Pablo. Humanismo, Alienación y Globalización. Ediciones Jurídicas Gustavo Ibáñez. Bogotá 2003. MAYS, Ernesto. El ocaso de las universidades. Monte Ávila. Venezuela. 1991. MEJIA, J. Marco Raúl, Las pedagogías criticas en tiempos del capitalismo cognitivo. MEJÍA, Marco Raúl y Awad Myriam Inés. Educación popular hoy en tiempos de globalización. Desde Abajo, 2007. Bogotá. SANTOS, Boaventura. La universidad en el siglo XXI: Para una reforma democrática y emancipadora de la universidad. Casa De Las Américas. 2006. CUBA. TAMAYO, Alfonso. En cuadernos de Psicopedagogía # 4. UPTC. Tunja. 2007. Varios autores. La política universitaria, en la sociedad del conocimiento. Magisterio. Bogotá. 2004. [1] GUADARRAMA, Pablo. Humanismo, Alienación y Globalización. Ediciones Jurídicas Gustavo Ibáñez. Bogotá 2003. [2] MAYS, Ernesto. El ocaso de las universidades. Monte Ávila. Venezuela. 1991. [3] TAMAYO, Alfonso. En cuadernos de Psicopedagogía # 4. UPTC. Tunja. 2007. [4] Varios autores. La política universitaria, en la sociedad del conocimiento. Magisterio. Bogotá. 2004.
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