| Matrícula más costosa = ¿mejor formación? |
|
|
|
|
Octubre 2007 El Observatorio de la Universidad Colombiana analiza los valores de matrícula de conocidos programas profesionales en las más nombradas instituciones de educación superior privadas y analiza si sus precios tienen relación con la calidad. ![]() Especialmente padres y estudiantes consideran que la calidad cuesta y, por tal razón, que mientras más alta sea el valor de la matrícula en las instituciones de educación superior privadas, mayor calidad se obtiene. Suena lógico. Pero, entonces, por qué hay programas costosos que no están acreditados con alta calidad y, en cambio, hay programas acreditados con precios de matrícula más favorables? Muchos dirán que, legalmente, la acreditación es voluntaria y que evalúa calidad académica, pero que no tiene nada que ver con el comportamiento del mercado y de las matrículas. Cada institución es libre de fijar sus precios, con o sin acreditación, y justifican sus incrementos de matrícula con aspectos como inversiones en profesorado, en infraestructura y en oportunidades de mercado, pero no necesariamente esto se traduce en calidad. En cambio, se confunde Calidad con Prestigio… que es, en últimas, lo que los compradores de matrícula (padres y estudiantes) quieren obtener: es decir, la posibilidad de egresar de una institución que ofrezca valiosas opciones de posicionamiento laboral. Pero la realidad demuestra que, aunque el prestigio debe connotar calidad, el mercado laboral y la opinión pública reconocen prestigio a instituciones que no necesariamente ofrecen calidad. Las relaciones públicas de rectores, el renombre de algunos de sus egresados, la magnitud de sus campus, visitantes extranjeros o el desempeño de sus grupos deportivos o culturales otorgan prestigio, pero no son sinónimo de calidad académica. Y aunque no hay unos estándares formales para identificar una relación formal entre precio y calidad, lo cierto es que se espera, como mínimo, que el valor de matrícula de un programa demuestre (según el promedio de ingresos por ciudad), aspectos como:
Los valores de las matrículas en la educación superior colombiana no necesariamente atienden a estos indicadores y, en cambio, responden a una inercia histórica y a la posibilidad de las instituciones de pescar en río revuelto. Veamos: Inercia histórica “Los Andes y EAFIT siempre serán costosas”, “La Nacional es buena, pero de difícil acceso”, “La Gran Colombia, la Católica, la Autónoma… son una opción para que estudien en la noche quienes trabajan en el día”. Estos son ejemplos de estereotipos que se han creado en torno de las instituciones de educación superior. Son los comentarios de reunión familiar, y a partir de estos las mismas instituciones orientan sus esfuerzos de costeo y promoción. Así, la tradición se mantiene y Andes y EAFIT seguirán siendo instituciones costosas, la Nacional de difícil acceso y las otras para clase media. Estos imaginarios llevan a que, por ejemplo, muchos ni siquiera intenten preguntar valores y condiciones para acceder a determinadas universidades. Pescar en río revuelto Una vez lograda la aprobación por parte del Ministerio, donde no se hace un análisis riguroso del costo de matrícula sugerido por las instituciones para sus programas –pues los pares académicos que recomiendan la aprobación de los mismos no tienen los criterios para opinar al respecto-, las universidades son libres de mover sus precios.De entrada, el precio de matrícula aprobado por el Ministerio no corresponde a un análisis global del mercado, que oriente a los usuarios sobre la fiabilidad del mismo. El mensaje del MEN es: Aprobamos su programa para que comience a operar y Usted –Universidad- se la juega en el mercado con el valor de la matrícula. Se considera que a partir de un precio base, de ahí en adelante el incremento debe darse anualmente, como máximo, en la misma cifra que registra el Índice de Precios al Consumidor (IPC). No obstante, varias instituciones comienzan a realizar incrementos por encima de ese IPC. Uno o dos puntos que, aparentemente, no afectan mucho el valor de la matrícula, pero sí se traducen en ganancias significativas para las universidades, en razón del alto número de matrículas. Difícilmente el Ministerio pone en cintura a estas instituciones, salvo algún requerimiento escrito para que justifiquen estos aumentos. Basta que el Rector responda con una bien argumentada comunicación en la que hable de inversiones, construcción de aulas, visita de profesores extranjeros y actividades afines para que cese la investigación … pero difícilmente se comprueba si esto es cierto. Todo esto sin contar los millones de pesos que reciben las universidades por concepto de formularios e inscripción. El sistema universitario y los controles del Estado permiten pescar en río revuelto: La información suministrada por cada universidad es distinta, no hay estándares claros para ello, en el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior –SNIES- no se muestran los precios de matrícula y no hay publicaciones oficiales que muestren el ranking de precios, entre otros aspectos. Y entonces, los estudiantes terminan pagando costos de matrícula más altos de los que realmente corresponden a la realidad de la institución, y universidades de bajo o mediano perfil, terminan cobrando costos más altos de los que su calidad realmente amerita.¿Cuánto vale una matrícula en una universidad privada?Si de dinero se trata, se considera que la educación más económica, por matrículas, se encuentra en las universidades oficiales, pero éstas apenas cubren un 30% de las plazas estudiantiles.
En cambio, las matrículas en las universidades privadas pueden superar las públicas en hasta 10 y más veces su valor. Por ello, con hechos reales, se afirma que estudiar en una universidad privada en Colombia constituye un verdadero privilegio, pues el común de matrículas puede estar por el orden de los seis a los ocho salarios mínimos legales vigentes (smlv) y, en casos como la Universidad de Los Andes, puede ascender, inclusive, a más de 20 smlv. De la autonomía a la complejidadEstablecer rangos de precios o estándares para “medir” la relación costo-beneficio en la educación superior es casi imposible en razón de las múltiples variables que inciden en el “producto” (educación diferenciada y con calidad). A pesar que la gran demanda potencial de estudiantes básicamente se inclina por recomendaciones (prestigio) y costo, las instituciones de educación superior se mueven en un complicado ajedrez de posibilidades, en torno de las cuales definen sus precios. La primera gran variable es la autonomía universitaria que, por Constitución Política (Art. 69) y por Ley (30 de 1992 –Art. 28), permite a las universidades, de conformidad con su complejidad y organización, administrar sus rentas y presupuestos. Esto significa que, incluso entre programas similares y condiciones de mercado y laborales similares, los precios pueden variar. Nivel del programa (técnico, tecnológico o profesional), áreas de énfasis o profesionalización, sistemas y medios de práctica, laboratorios, clínicas, profesorado en cuanto a calidad, cantidad y dedicación, y cálculo de número de estudiantes vs. Planta física e inversión administrativa y docente, llevan a justificar la enorme diferencia de precios entre programas de la misma denominación. Hechas estas salvedades, surgen preguntas de difícil respuesta para la naturaleza académica y la economía de la educación superior, y sobre las que sería bueno que las instituciones y el sistema (en cabeza del Ministerio), dieran claridad a la opinión pública:
¿Dónde invertir?Así las cosas, y desde la óptica del sistema y de los administradores universitarios, el concepto de costoso o económico en un programa sólo debe darse con respecto a su precio frente a otros similares y a la capacidad de pago de los estudiantes, pero no existe criterio para reconocer que, en sí un programa, sea realmente favorable o desfavorable en su valor. Como veremos en el análisis numérico de los programas estudiados, existen casos de universidades con precios “favorables”, con respecto a otras, en razón a que sus programas están acreditados y, adicionalmente, tienen prestigio, convirtiéndose en una interesante opción de “inversión” en educación. La situación económica y la “necesidad” de contar con un título profesional llevan a miles de bachilleres a “meterse” en la primera institución que exija los mínimos requisitos posibles, el menor costo y las mayores posibilidades de crédito. Como el mercado laboral poco evalúa estándares de calidad y sólo parece exigir un título universitario, como mínimo, eso parece suficiente. Top de programas, según el promedio de su matrícula, en instituciones privadas
Adicionalmente, la diferencia de precios no sólo va entre instituciones sino también entre programas, lo que hace que ciertas disciplinas, como medicina por ejemplo, sólo sean permitidas para estratos altos, pues los bajos deben limitarse únicamente a las posibilidades en universidades públicas. Proyecto de vida, vocación universitaria, interacción con un mundo globalizado, dominio de otros idiomas y numerosos espacios alternativos de bienestar, parecen quedar en segundo plano. En casos como estos se puede hablar de que “lo barato sale caro”, y desafortunadamente es muy tarde cuando los estudiantes, ya embarcados en una gran inversión de tiempo y dinero, se dan cuenta de que el título que están “comprando” es muy costoso para las oportunidades que pueden aprovechar. Queda entonces la opción de las universidades de mayor valor económico, y aparece un dilema, pues no es claro si su calidad es producto de su esencia universitaria o del entorno mismo que las rodea, del reconocimiento social de sus directivos, de sus egresados con gran incidencia en el Estado y el sector privado y de sus estudiantes –venidos en su gran mayoría de los mejores colegios-. Lo cierto es que en Colombia los bachilleres con excelente rendimiento académico pero escasos recursos económicos, tienen muy pocas opciones de acceder a las mejores universidades. Guía de referencia de precios de matrículasEl Observatorio de la Universidad Colombiana investigó, entre un representativo grupo de universidades privadas, sus valores de matrícula en los programas de más común reconocimiento entre la opinión pública. Para ello tomó la información oficial suministrada por las instituciones en publicaciones periódicas, ferias estudiantiles y guías para bachilleres. Aunque esto no es un estudio del 100% de las instituciones y programas del sistema, sí refleja claramente las tendencias de precios entre programas de formación profesional, y toma los precios que las universidades cobraron durante el año 2007, pues aún no se han confirmado plenamente los valores para 2.008. Tal y como dicen los promotores de las universidades “increméntele a ese valor aproximadamente el 5%”, que es el estimativo de incremento del IPC. * * * Haga clic sobre el nombre del programa cuyos valores de matrícula desee ver. Columna de opinión: ...Y los mercaderes se adueñaron del templo del conocimiento
|