Paradigmas y percepciones culturales de la universidad colombiana están cambiando

Feb 9/18 La universidad ha cambiado, aunque no es claro si positivamente. Paran los estudiantes de la universidad privada (la Libre) en vez de los de las públicas; el Externado, una de las más liberales en su pensamiento prohíbe el debate político en sus instalaciones, y en U. Javeriana, de origen religioso, los candidatos ingresan fácil; cuando la política de educación superior se halla desorientada, el Movimiento Estudiantil parece no existir; las dos IES públicas más grandes (Nacional y Antioquia) buscan rector y los candidatos no hablan de la responsabilidad con el sistema; y ahora la U. Pontificia Bolivariana es criticada por hacer recomendaciones (no imposiciones) de vestuario sus estudiantes, conforme la tradición moral católica de su creadora, la Arquidiócesis de Medellín.

Estas situaciones son una muestra que el entorno de la educación superior está cambiando, y dichas transformaciones van más allá de un código de vestuario o una forma de opinar.

Ya es reiterado el mensaje que los entornos laboral, tecnológico y de tendencias del mercado educativo están mandando a la Universidad (en general): Si quieren seguir siendo tenidas en cuenta como referentes del conocimiento y alternativa viable para que millones de jóvenes la consideren como el puente entre los estudios básicos y el mercado laboral, las IES tienen que cambiar y revisar sus paradigmas relacionados con estos diez aspectos:

- Titularidad del conocimiento y la verdad

- Forma de acceder al aprendizaje

- Sistemas de evaluación

- Duración de los planes de estudio

- Movilidad académica, diálogo intergeneracional e intercultural

- Costos

- Actitud frente a la tecnología

- Reconocimiento de la crítica

- Nuevos públicos

- Rigurosidad versus flexibilidad en todos los aspectos

La Universidad (en nuestro caso, la colombiana) debe acelerar estos cambios. Algunas ya han empezado, pero el sistema debe apurarse, antes que la demanda, la competencia de otros sectores, la opinión pública y las ofertas de "universidades corporativas", entre otros, le desconfiguren el cómodo escenario en el que se han movido por décadas.

 

El derecho que le asiste a la UPB para recomendar a sus estudiantes una forma de vestuario

A las directivas de la Universidad Pontificia Bolivariana, en Medellín, les han dicho de todo en la prensa y las redes sociales, porque publicaron en la web de la IES un artículo titulado "¿Cómo vestirse para ir a la Universidad?”, en el que -entre otras- recomienda a las mujeres evitar “prendas muy ajustadas”, ir vestidas “como si fueras a una fiesta”, “usar zapatos altos”, “minifaldas, shorts o escotes muy profundos”.

Tal vez una de las recomendaciones que más generó reacción es la que dice: “trata de usar ropa discreta, no hay nada más incómodo que distraer la atención de tus compañeros de clase y profesores, para eso te sugerimos evitar utilizar escotes profundos, faldas cortas o ropa muy ajustada al cuerpo”.

Casi todas las reacciones han sido de rechazo a la Universidad, acusándola de "moralista", "retrógrada", "machista", "violatoria del libre desarrollo de la personalidad" e incluso se le ha calificado de "cómplice" de un entorno que favorece el abuso sexual.

Esto llevó a la IES a despublicar las recomendaciones y a emitir un comunicado en el que se justificó diciendo que “la motivación del texto se dio con el fin de dar algunas recomendaciones generales sobre la comodidad en el ambiente universitario. La UPB no pretende condicionar algún código de vestuario para sus estudiantes y eso es evidente en la dinámica misma de la Institución. Ofrecemos disculpas si en algún momento el texto afectó a alguien por la interpretación que se le diera”".

Es clave señalar que lo hecho por la Universidad no estuvo condicionado a faltas de carácter reglamentario, pues -según lo informado- eran meras recomendaciones y no obligaciones.

"El cómo se debe vestir para asistir a la Universidad no hace parte de las políticas, reglamento estudiantil o alguna otra disposición relacionada. La UPB respeta el derecho a la libre personalidad y en ningún momento ha condicionado el código de vestuario a los estudiantes", dijo la UPB en un comunicado posterior.

Lo que pasa es que en un entorno lleno de tutelas y de respeto al libre desarrollo de la personalidad, las universidades desde hace ya muchos años, han comenzado a callar para evitar escándalos, y en muchas ocasiones deben resistir estudiantes y conductas ajenas a sus costumbres.

Pero, ¿acaso no es común que recomendaciones de esta índole las hagan los sacerdotes en las iglesias?, y si la UPB es una IES de la Iglesia, ¿no es lógico que haga recomendaciones en este sentido?, ¿no fue el mismo Estado -garante de los derechos de todos- el que le aprobó esta Universidad a la Diócesis y le validó su proyecto formativo?. Sus estudiantes se matricularon allí voluntariamente conociendo la filosofía de la Institución y, como universidad privada en ejercicio de su autonomía, tiene derecho a fijar unos códigos de conducta, siempre y cuando estos no pasen la frontera de lo legal. ¿Dónde está el fallo?

Preocupante sería que la universidad castigara disciplinariamente o con nota a las estudiantes que así se comportan, o que esto se tradujera en baja calidad académica, pero hasta donde el mercado laboral y académico lo reconocen, la Bolivariana tiene acreditación de alta calidad y alto prestigio en el país.

Las recomendaciones de la Universidad, se constituyen en restricciones laborales en muchas empresas. ¿No es eso mismo lo que hacen miles de empresas en el país?. Mismas en las que, el día de mañana, los hoy estudiantes de la UPB deberán llegar a acatar sus normas de conducta, tales como, por ejemplo: Taparse los tatuajes, quitarse los piercing, recogerse el cabello, no usar escotes, no ir a trabajar en jean, llevar las uñas o el cabello corto... entre otros aspectos.

¿Está actuando mal la Universidad Pontificia Bolivariana?. Definitivamente, no. Tal vez pudo equivocarse en el estilo, pero eso no le resta la preocupación por defender una responsabilidad propia de la labor formativa: Educar en hábitos y conductas -incluidas las de vestuario-, a la luz de lo que su proyecto educativo y principios inspiradores le sugieren, todo en el marco del respeto constitucional colombiano.