Cifras de deserción en educación superior en Medellín generan alerta

Dic 4/17 La situación en las IES públicas, con cifras a 2016, puede ser un abrebocas de la situación nacional, de lo sucedido en 2017 y lo proyectado para el primer semestre de 2018. La difícil situación financiera, uno de los agravantes de la situación, pero no es el único.

Medellín, más que Bogotá, tiene la mejor oferta y densidad de IES oficiales por habitante, y sus cifras de deserción preocupan. ¿Qué estará pasando en el resto del país?

Informe de El Tiempo:

Entre los años 2001 y 2015, la deserción por periodo promedio en las IES oficiales de Medellín fue del 22,5 %, de acuerdo con la Agencia Sapiencia. El Colegio Mayor de Antioquia tuvo un 12,22 % de desertores en el periodo 2016-1, el Instituto Tecnológico Metropolitano (ITM) tuvo 14,55 % y el Pascual Bravo, 15,6 %, en el mismo periodo.

Entre tanto, en el semestre 2016-1, la deserción en la U. de Antioquia se ubicó en 11,74 %, es decir, 4.379 estudiantes de 37.301 matriculados para ese tiempo. 

La tendencia se mantiene en las demás instituciones universitarias oficiales de la ciudad y la realidad no es muy distante de la nacional. Según el Observatorio de Educación Superior de Medellín (ODES), en Colombia la deserción por periodo en el 2016 fue de 12,5 por ciento. 

Desde el Observatorio se identificaron para la capital antioqueña cinco factores que deben atenderse con mayor intensidad para prevenir esta problemática y aumentar las tasas de graduación: existencia de retornos sociales, limitaciones financieras, restricciones de liquidez, problemas de información y competencia imperfecta.

Esto se traduce en que “ser hombre, tener padres con bajo nivel educativo, tener vinculación laboral, ser de una región diferente al lugar de estudio y pertenecer a un estrato bajo, resultan ser variables influyentes para el abandono de la institución superior”, indicó el informe del ODES. Sin embargo, hay otros factores como el bajo rendimiento académico o la inadecuada orientación vocacional, así como las dificultades socioeconómicas. 

Para Diana Hincapié, de la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo, en Colombia como en América Latina, hace falta aumentar el acceso a la educación superior, pero más importante aún, incrementar la calidad de la formación que se ofrece.

“Muchos jóvenes acceden a la educación superior y terminan abandonándola porque esta no corresponde con lo que estaban esperando. Se necesita que lo que están ofreciendo las universidades realmente sea pertinente para las demandas del mercado laboral”, dijo la especialista, quien añadió que la mayoría de estudiantes ingresan a una universidad con miras a conseguir un empleo en el futuro, pero muchas veces no lo logran, pese a que se gradúan con altas deudas. Una de las estrategias que utilizan las instituciones de educación superior son las ayudas a los alumnos para que permanezcan hasta el final.

Opciones de financiación, tiquetes de transporte, seguridad alimentaria, estímulos para deportistas, asesorías en distintas áreas, atención psicoeducativa, entre otras, hacen parte de los programas de bienestar universitario. 

Asimismo, datos del Observatorio indican que desde el 2008, se ha mantenido una tendencia a la baja en los niveles de deserción. Estrategias como el Fondo EPM y los fondos de Presupuesto Participativo han sido claves, pues los estudiantes que acceden a becas o créditos educativos tienen una probabilidad menor en 28 por ciento de abandonar los estudios.

Según los expertos, los retos persisten en la capital antioqueña, puesto que calidad, pertinencia e inclusión son aspectos que implican la permanencia y graduación de los nuevos estudiantes. 

Una de las recomendaciones es seguir fomentando las becas en técnicas y tecnologías, en los que los índices de abandono son más altos que en los programas profesionales. También, que las instituciones tengan flexibilidad en su pénsum y homologación de materias para los cambios de programa.