Conaces capítulo 2: Rector y columnista señala de poco fiable sistema de aprobación de registros

Dic 2/17 Francisco Cajiao es rector de la Fundación Universitaria Cafam y columnista de El Tiempo, y en su último escrito ha recogido el espíritu de las publicaciones de este Observatorio y ha confirmado que "el sistema de aprobación de registros es cada día menos fiable, pues, en lugar de estimular la innovación tanto académica como pedagógica, se ha convertido en la tumba de cualquier idea que se salga de la cuadrícula que han adoptado las salas de Conaces. Ya abundan las quejas, las sospechas de aprobaciones amañadas y rechazos sin justificación o, por lo menos, el uso de criterios difíciles de justificar. Bajo este modelo, en el cual no cree el propio Ministerio, pues de otra forma no persistiría en exigir la acreditación, se está acabando no solo con la autonomía, sino con la posibilidad de expansión y actualización del sistema".

El siguiente es el texto de su columna:

Hay un malestar creciente en muchas universidades por causa de los registros calificados, renovación de los existentes y procesos de acreditación que desarrollan el Ministerio de Educación y el Consejo Nacional de Acreditación. Estos mecanismos, que forman parte del aseguramiento de la calidad, son indispensables para garantizar la formación adecuada de los profesionales, pero tienen que guardar coherencia con la realidad del país.

Los procesos de calidad pueden concebirse como estrategias de fomento y estímulo orientadas a fortalecer la autonomía y animar el desarrollo y la innovación en las instituciones, o como herramientas de fiscalización y control destinadas a homogeneizar todo el sistema. Es claro que debe haber controles para evitar abusos, pero cuando este es el espíritu que predomina, el sistema se agota y se asfixia en la desconfianza, como ya está sucediendo.

Mientras que en el primer período de este gobierno primó el diálogo directo con las instituciones de educación superior, que concluyó en el ‘Acuerdo por lo superior 2034’, su segundo período comenzó con una altisonante amenaza a las ‘universidades de garaje’, las sanciones ejemplares y la expedición fast track de una ley que ordenaba hacer otra ley que quedó en el aire.

Los acuerdos logrados por Juan Manuel 1 se dejaron a un lado en el Plan de Desarrollo de Juan Manuel 2, para dar paso a un enfoque tecnocrático muy alejado de la realidad colombiana.

No se sabe cómo, se ha ido diseñando un modelo ideal de universidad a la cual deben parecerse todos los centros universitarios del país. A partir de este imaginario, que pretende llevarnos a los rankings mundiales en cuestión de un quinquenio, se establecieron unos criterios de calidad basados en investigación y docencia a cargo de magísteres y doctores de tiempo completo con publicaciones en revistas internacionales, independientemente de cualquier otra consideración circunstancial, como la disponibilidad de estos personajes en todo el territorio nacional, o del costo que semejante aspiración tuviera para los miles de estudiantes de bajos ingresos que deben pagarse su educación por incapacidad de Estado para atenderlos.

Como si fuera poco, la acreditación de calidad –voluntaria por definición– se convirtió en obligatoria para acceder a los recursos representados en becas y créditos de Icetex, sin los cuales es imposible que los chicos egresados de una pésima educación pública puedan acceder a la educación superior, pues en las acreditadas los rechazan por su bajo nivel académico.

Sobra decir que el sistema de aprobación de registros es cada día menos fiable, pues, en lugar de estimular la innovación tanto académica como pedagógica, se ha convertido en la tumba de cualquier idea que se salga de la cuadrícula que han adoptado las salas de Conaces. Ya abundan las quejas, las sospechas de aprobaciones amañadas y rechazos sin justificación o, por lo menos, el uso de criterios difíciles de justificar. Bajo este modelo, en el cual no cree el propio ministerio, pues de otra forma no persistiría en exigir la acreditación, se está acabando no solo con la autonomía, sino con la posibilidad de expansión y actualización del sistema.

Nuestra educación superior está en etapa de construcción, y eso implica que las universidades nuevas y pequeñas deben crecer y robustecerse gradualmente, pues no hay fuente alguna de financiación que les permita hacer gigantescas inversiones iniciales. Muchas de las muy reconocidas hoy se iniciaron en casas de barrios residenciales. Pero si cada que se intenta avanzar con el esfuerzo financiero de las familias se ponen palos en la rueda, jamás las que hoy comienzan llegarán a ser instituciones robustas.

Pareciera que es hora de revisar los mecanismos actuales de control para reemplazarlos por herramientas eficaces de fomento.

Información de referencia:

- Conaces capítulo 1: Sala de Ingeniería se defiende