Los argumentos de la ministra de Educación para defender Ser Pilo Paga

Nov 20/17 La ministra de Educación Nacional, Yaneth Giha, reconoce que el programa requiere mejoras y debe llegar más a universidades públicas, insiste en su importancia y reitera la intención de convertirlo en política de Estado, aunque no dice cómo ni cuándo se lograría esto. Por ahora, avanza para los beneficiarios de la cuarta y última versión prometida por el gobierno Santos sin saberse cuál será su futuro con un nuevo gobierno.

Los siguientes son los argumentos de la ministra, presentados en una columna de opinión, de su autoría, en el diario El Tiempo, denominada "Las verdades sobre Ser Pilo Paga":

No son pocas las críticas que han surgido hacia Ser Pilo Paga, un programa transformador que ha permitido a más de 30.000 jóvenes sobresalientes, de escasos recursos, hacer realidad el sueño de estudiar en las mejores universidades del país. En medio de la controversia, vale la pena recordar algunas verdades.

En primer lugar, Ser Pilo Paga no es una política pública de financiamiento o cobertura de la educación superior sino una estrategia dirigida a permitir que los bachilleres más destacados puedan decidir libremente en qué universidad y qué programa estudiar. El programa surge de una realidad: miles de estudiantes con desempeño académico muy alto se quedaban por fuera de la educación superior por falta de recursos. Los jóvenes se quedaban sin oportunidades y el país, sin la posibilidad de contar con lo mejor de su talento. Es innegable considerar que Ser Pilo Paga ha cambiado las expectativas de los jóvenes colombianos y sus familias. En el pasado vivían con la incertidumbre de no saber cuál sería su futuro profesional, mientras que hoy se esfuerzan más para lograr uno de los cupos del programa.

Ahora bien, en los últimos años, Colombia ha conseguido avances muy importantes en el acceso a la educación superior. En 2016, la tasa de cobertura fue del 51,5 por ciento, mientras que en 2010 era del 37 por ciento. En otras palabras, hace siete años, solo 30 de cada 100 jóvenes que terminaban su bachillerato ingresaban a la educación superior; hoy lo hacen 50 de cada 100. Los esfuerzos se han dirigido, sobre todo, a la población que más lo necesita. Por eso, 60 de cada 100 de los nuevos estudiantes que ingresan a la educación superior vienen de hogares cuyos ingresos no superan los dos salarios mínimos mensuales.

Es verdad que estos logros no se deben atribuir de manera exclusiva a Ser Pilo Paga sino a un conjunto de estrategias y esfuerzos de las instituciones de educación superior. Sin embargo, no hay que ignorar el más reciente estudio del Departamento Nacional de Planeación que reconoce su impacto en el cierre de brechas entre niveles socioeconómicos. “Antes del programa, la probabilidad de acceder a una IES acreditada, tanto pública como privada, aumentaba con el estrato, mientras que hoy un estudiante con mérito académico de estrato 1 tiene la misma probabilidad de ingresar a educación superior de alta calidad que un joven de estrato 6”, dice el DNP. Otro dato relevante: los beneficiarios de Ser Pilo Paga representan el 60 por ciento de los jóvenes graduados del colegio con mérito académico, pero en situación económicamente vulnerable.

Compartimos con defensores y opositores del programa la necesidad de fortalecerlo y mejorarlo para seguir generando igualdad de oportunidades. Compartimos la necesidad de generar mayor equidad en el acceso de los pilos entre universidades públicas y privadas. Y compartimos también la necesidad de garantizar la sostenibilidad de Ser Pilo Paga. Por eso hemos escuchado las inquietudes y propuestas de los rectores de las universidades, hemos planteado propuestas conjuntas para que se convierta en política de Estado y nos anticipamos a incluir cambios en la cuarta convocatoria, con la que cumpliremos la meta de los 40.000 beneficiarios.

En ella habrá nuevos incentivos para que cada vez más pilos vayan a las universidades públicas. Primero, medio salario mínimo semestral adicional como apoyo de sostenimiento para quienes escojan las universidades públicas; segundo, la posibilidad de contar con dos semestres para inscribirse y ser aceptado en la universidad pública de su preferencia; y, por último, la inscripción gratuita ilimitada a universidades públicas. En la actualidad, el 30 por ciento de las instituciones de educación superior acreditadas, es decir, aquellas que pueden recibir pilos, son públicas. Queremos lograr, como mínimo, que el 30 por ciento de los jóvenes pilos vayan a las universidades públicas.

No cabe duda del papel que juegan las universidades públicas. Por esta razón, este Gobierno ha hecho esfuerzos sin precedentes dirigidos a fortalecer su financiación. Entre 2010 y 2017 se incrementaron los aportes anuales de la Nación a las instituciones de educación superior públicas en 62 por ciento. Pasamos de 2,24 billones a 3,65 billones de pesos. En 2017, tuvimos el mayor incremento del presupuesto de funcionamiento desde que entró en vigencia la Ley 30 con un 11,75 por ciento, y, el próximo año, este componente seguirá creciendo. En total se distribuirán 3,6 billones de pesos, de los cuales 3,42 billones serán para funcionamiento y 195.000 millones para inversión.

No podemos negar que el país todavía enfrenta grandes desafíos en educación superior, entre ellos seguir mejorando la cobertura y seguir fortaleciendo a las universidades públicas. Pero tampoco podemos negar que por el simple hecho de haber cambiado la vida de 40.000 jóvenes y de sus familias, Ser Pilo Paga… paga.