Rectores callan para no perder registros, pero están desesperados con Mineducación

Nov 16/17 La subjetividad en los criterios para la evaluación y aprobación de programas por parte de la Comisión Nacional Intersectorial de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior -CONACES-; la demora en los tiempos para resolver solicitudes en el Ministerio; la falta de unidad para evaluar con el mismo termómetro las solicitudes de aprobación o renovación de registros calificados; los extensos, incómodos, exigentes y casi caprichosos cuadros, formatos y formas de redacción de los documentos maestros pedidas desde la Subdirección de Calidad; más los conflictos de interés de varios consejeros al ser juez y parte de las IES o disciplinas que evalúan, y hasta actuaciones marcadas por el apasionamiento y el revanchismo hacia decanos, rectores, vicerrectores o responsables de los documentos maestros en las IES, tienen a rectores y directivos desesperados con el actual esquema de aprobación de programas académicos.

¿Por qué no protestan los rectores? Por físico miedo a perder los registros o a que sus solicitudes sean dilatadas o llenadas de requisitos de difícil cumplimiento, por su naturaleza o porque no responde a los caprichos de alguna de las Salas de Conaces.

La situación no es nueva, viene de tiempo atrás y nadie se ha atrevido a “ponerle el cascabel al gato”, pero el diagnóstico aplica para todos los procesos, y aunque algunas IES puedan ser tratadas de forma menos drástica (porque sus rectores tienen “poder” político, porque varios Consejeros vienen de ellas o porque su acreditación institucional les ayuda), el tema ya es vox populi en cuanta reunión de académicos se dé.

El rector de la Universidad Javeriana, el padre Peláez, ya había advertido que el sistema de aseguramiento de la calidad demanda un rediseño; las críticas al CESU por su inacción al respecto no se dejan esperar y la última crítica fue del rector de la Universidad EAFIT, Juan Luis Mejía, que en el Congreso Internacional Futuro Universidad, hizo una respetuosa crítica y llamado al Ministerio a tener una mayor apertura a la hora de estudiar y aprobar registros de programas interdisciplinarios, al cuestionar la falta de flexibilidad para aprobar programas innovadores.

Este Observatorio ya había informado de denuncias penales por comportamientos de miembros del Conaces en su proceso de aprobación de programas (ver ¿Desconocimiento, negligencia y corrupción están marcando la actuación de algunos consejeros de Conaces?).

La situación, que ha generado confrontaciones al interior de un buen número de IES, que se debaten entre mantenerse en su criterio autónomo e intelectual para crear y orientar un programa, o meterse en incómodos reprocesos de ajustes de documentos maestros, así no estén de acuerdo, generalmente termina con la resignación y rabia de los directivos que deben ceder a los caprichos del Ministerio (incluir o excluir asignaturas del plan de estudios propuesto “porque sí”, usar el lenguaje o las palabras que explícitamente quiere la Sala, adoptar enfoques, teorías o autores que se “sugieren” y hasta cambiar nombres, intensidades de materias o rehacer textos completos para que se ajusten al estilo que quiere el Ministerio) para obtener su registro.

Hay cosas absurdas como la exigencia de nombres concretos de profesores que deberá tener, a futuro, el programa a evaluar, o incluso el tener contratos ya hechos para profesores de programas a crearse en IES públicas, sin considerar que esto es un detrimento patrimonial de recursos del Estado. Incluso se piden requisitos aplicables a la posterior creación de programas.

Lo peor de la situación es que, además de que no existe una norma explícita que condicione estas situaciones, no hacerlo sí conlleva la dilación o pérdida de un registro, y nada de esto garantiza que el programa a aprobar cumpla con reales condiciones de calidad.

… y como cada rector busca solucionar sus dificultades, por su cuenta, porque no les gusta ventilar estos temas, y no actuar en equipo, entonces el Ministerio sigue imperando sin problemas.

¿Hasta cuándo? Esa es la pregunta.