Ser Pilo Paga, ¿opción para rescatar vidas o para discriminar?

Agosto 27/17 Un escrito de Roberto Zarama Urdaneta, donde dice que "Ser Pilo Paga les permite a jóvenes talentosos ingresar a universidades de alta calidad" fue respondida por Lucy Gabriela Delgado, quien considera que SPP es un "mal programa" no articulado a un plan de desarrollo que garantice vigencias futuras, que afecta recursos de universidades públicas y favorece a unos pocos.

Cuando no se sabe si habrá o no cuarta versión de SPP, Zarama -creador del programa como asesor de Parody, plenario de la San Martín, director de CEIBA, profesor de Los Andes y asesor de Icetex), SPP "ha motivado a los estudiantes para esforzarse en las pruebas", mientras que Delgado (directora de Farmacia de la U. Nacional y exdirectora de fomento de Colciencias) cuestiona que se haya creado a puerta cerrada de la comunidad académica.

 Aquí las dos versiones:

La Oportunidad, por Roberto Zarama, en El Tiempo

Las oportunidades cambian vidas. Cambian sociedades. Pero la oportunidad necesita alguien que la tome, la haga suya, la aproveche. Alguien que hoy, cuando esté frente a la Prueba Saber 11, sepa que los resultados pueden cambiar su vida y la de su familia. Los pilos, más allá de su inteligencia, son jóvenes corajudos, con carácter, determinados. 

Apasionados y perseverantes para cumplir metas a largo plazo. Saben que el fracaso no es una condición permanente y que, aunque las circunstancias puedan ser difíciles, que lo son, salen adelante. Los pilos ven la vida como una carrera de resistencia, una maratón. No hay caminos rápidos, ni velocidad máxima. Cuarenta y dos kilómetros que empiezan desde el colegio y terminan en una graduación y un diploma universitario.

Estamos acostumbrados a hablar en primera persona del singular. Yo quiero, yo hago, yo creo, yo siento, yo pienso, esto es mío. Es normal enfocarnos en nosotros. Sin embargo, para hablar de oportunidades que cambian vidas es mejor darles paso a otras voces. Voces más adecuadas. Hoy dejo la primera persona a un lado para contar una historia que no es mía. Es de Víctor y su familia, de Víctor y su hijo Diego.

Hace más de catorce años, Víctor dejó la brisa salada de San Bernardo del Viento, su mar azul caribe y su casa para venir a Bogotá y, desde la lejanía, darle más oportunidades a su familia. Diego es su tercer hijo. Un joven determinado que da más de lo que se le pide. Alguien preparado para una carrera de 42 kilómetros.

Todos en la familia sabían que Diego podía llegar lejos. Cuando se enteraron de las becas de Ser Pilo Paga aprovecharon la oportunidad. Lo alentaron a prepararse muy bien para las pruebas Saber 11 y lo retaron a presentarse al examen de la Universidad Nacional. Con un buen resultado en el Saber 11 podría tener una oportunidad única, el país recompensaría su esfuerzo y talento. Podría escoger dónde y qué estudiar. Aprender de los mejores maestros y tener compañeros que lo retarían para ser excelente. Este examen podría abrirle las puertas a un futuro mejor. Las pruebas serían la precalificación que le permitiría empezar su carrera.

La vida les cambió a todos. Diego tuvo un buen resultado en el examen, se ganó la beca de Ser Pilo Paga y consiguió lo que nadie se imaginaba: entrar a la mejor universidad de Colombia, la que él quería, la que le iba a permitir llegar tan lejos como se lo propusiera. Engrosó una cifra: 1 por ciento. Antes de la beca, solo este porcentaje de estudiantes de estrato 1 con buen puntaje en el Saber 11 ingresaron a las mejores universidades. Con la beca, el porcentaje aumentó en un 50 por ciento. Ahora Diego y muchos más pilos como él pueden tener una educación de alta calidad.

Diego, con los pocos años que tiene, es ejemplo para su familia. Su padre y hermanos, que lo inspiraron, son el motor para sus sueños. De los hijos de Víctor, Diego es el primero que va a la universidad. Es diferente, ha sobrevivido a toda una vida de pobreza. A caminar largas distancias a pleno sol para conseguir agua potable. A presenciar la violencia que cobra vidas sin discriminar, el padre de su amigo Arnold entre ellas.

Víctor ha superado sus propias expectativas gracias a Diego. Ahora sabe y confía en que sus hijos pueden tener el mismo destino de su hermano. Los críticos de Ser Pilo Paga quieren acabar con este sueño. El sueño de 40.000 familias que tienen la oportunidad de cambiar sus vidas y salir adelante. El sueño de 40.000 familias que ven el progreso en los ojos de sus hijos, en la carrera que empiezan, en el coraje de cada uno de sus pasos. El sueño de 40.000 jóvenes que son reconocidos por su talento e inteligencia. El sueño de millones de jóvenes que hoy están sentados en un pupitre haciendo su prueba y demostrando que se han esforzado, que están preparados, que son inteligentes, que es el momento de que Colombia los reconozca y los valore.

Más allá de la matrícula y la manutención, Ser Pilo Paga es el reconocimiento a un muchacho que ha tenido que atravesar muchos obstáculos para ser el mejor. El premio a la tenacidad. Reconocer a las personas que, como él, creyeron que las dificultades no eran suficientes para detenerlos. Ser Pilo Paga es el ejemplo para que en Colombia dejemos de pensar que el más vivo es el que más tiene, que hecha la ley, hecha la trampa.

En Bogotá, Diego se enfrenta a retos diarios y los supera uno a uno. Pero la politiquería de siempre se deja llevar por su ambición y lo pone en medio del fuego cruzado de una guerra por plata. Ataca sus sueños. Esos sueños no pueden acabarse por el egoísmo de un grupo reducido. No solo en San Bernardo del Viento, en miles de pueblos y corregimientos con millones de jóvenes y sus familias, que no tienen una vida fácil y no pueden soñar igual que el resto ¿No debería el país garantizarles la posibilidad de soñar y cumplir sus sueños? La educación genera progreso, abre caminos. Ser Pilo Paga es la mejor oportunidad que tienen para recibir una educación de calidad.

Hoy, Diego tiene diferentes compañeros de clase, jóvenes con mucho talento que no tuvieron que pasar por lo que él pasó. Ha aprendido de ellos, se ha contagiado de sus sueños. Diego es afortunado por haber entrado a la Universidad Nacional, otros pilos no pasan los filtros académicos de las universidades públicas ni tienen los recursos económicos para pagar una universidad privada acreditada. Para los estudiantes que presentaron la prueba Saber 11 después de la implementación del programa, la probabilidad de ingreso a la educación superior aumentó del 36 al 69 por ciento.

 

Diego está aferrado a su beca, trabaja duro para llegar con éxito al final de su carrera. Lucha para que sus hermanos menores lleguen más lejos que él. Tiene la esperanza de que Ser Pilo Paga acoja a muchos más. Es increíble pensar en todo lo que puede cambiar con un buen resultado en las pruebas.

 

Ser Pilo Paga ha servido para motivar a todos los estudiantes para esforzarse en las pruebas, en especial a los que necesitan el apoyo del país. Cada vez hay más estudiantes de estratos bajos con los mejores puntajes, de 12 por ciento en el 2014-2 pasamos a 18 por ciento en el 2016-2.

Estudiantes, jóvenes, no les tengan miedo a las oportunidades, multiplíquenlas. Enfrenten la Prueba Saber 11 con coraje y determinación, confiados en su talento y conocimiento. Hoy dan el primer paso del resto de su vida académica. Desde hoy, el país empieza a apoyarlos, les da la oportunidad de progresar. A ustedes y sus familias. Hoy pueden cambiar sus vidas. Es el momento para entregarlo todo.

Ser Pilo Paga es una oportunidad que empieza con las Pruebas Saber 11. Es el comienzo de un recorrido de 42 kilómetros y diez semestres que culmina con el cumplimiento de un sueño. Colombia, no les robemos esta ilusión. Permitamos que corran la carrera de su vida.

 

La réplica, por Lucy Gabriela Delgado, en Facebook

El programa Ser Pilo Paga-SPP tiene unas sólidas bases estadísticas y cuenta con los soportes de expertos y verdaderos referentes en el tema de redes complejas.

Cuando se critica a SPP no se juzga ni el modelo, ni a quienes tuvieron la responsabilidad de su diseño.

Sobran los discursos sobre la importancia de la educación y el cierre de brechas.

Sobran también los argumentos en contra, sobre la dificultad de adaptarse a un entorno social superior, el que deben lograr los niños de estratos 0, 1 y 2. 

SPP no es un mal programa por su diseño o por quienes crearon o lo respaldan, menos por quienes se benefician (estudiantes e instituciones).

Al margen si es ético o no, que por coincidencia -seguramente-, la Universidad que mayores recursos percibe por SPP sea en la cual hay docentes activos, creadores del programa.

SPP es un mal programa porque:

(i) No hizo nunca parte de ningún Plan Nacional de Desarrollo-PND, lo que en términos politiqueros, llamaríamos un mico (bien intencionado);

(ii) Nunca fue articulado como se esperaría responsablemente, con un instrumento financiero que le permitiera garantizar la sostenibilidad de los beneficiarios en el tiempo: eso que llaman vigencias futuras y que era obligación haberlas contemplado como parte de las responsabilidades mínimas de los funcionarios públicos que lanzaron esa política;

(iii) Al darse cuenta del detallito de la carencia de las vigencias futuras, se desviaron los recursos destinados a las Universidades públicas.

SPP como política de semejante impacto fiscal debió haberse sometido a una socialización con los dolientes de la Educación, a fin de analizar su conveniencia.

Para construir política pública, se emplean herramientas de la democracia participativa o representativa (de la cual aún, por fortuna goza Colombia).

No se construye una política pública de semejante impacto a puerta cerrada.

Quizá con algo de socialización, le hubieran hecho caer en cuenta al funcionario de turno que era un error sacar una política sin recursos.

Como ejemplo, una familia tiene 5 hijos, uno logró acceder a SPP, pero la familia tiene la opción de decidir construir un aula en la escuela pública, donde por falta de ese espacio no se pueden recibir más niños.

Con ese mismo dinero se forma sólo el que entró a SPP, los demás no.

Ante falta de recursos, ¿no es lógico construir el aula y que los 5 se eduquen?.

Si hubiese recursos, que se construya el aula y que el hijo más competente sea reconocido con oportunidades como SPP, pero destinar o desviar el recurso público al 80% de instituciones privadas, y quitarle el dinero a las Universidades públicas (que se caen a pedazos), como mínimo no es coherente con ese discurso de la equidad y el deseo de ampliar la cobertura.

Y no me referiré al problema de los beneficiarios y sus familias en caso que tengan que retornar el dinero porque no lo lograron, o porque no se consiga que el programa sea una política de Estado, y que además el próximo Gobierno no esté interesado en tapar la "embarradita" de un mal diseño de política pública.

Es todo, el programa SPP sería maravilloso en un escenario fiscal diferente al de la Colombia de hoy (y de siempre).

Como no es así, atenta contra la viabilidad de las Universidades públicas y va en contravía de ampliar la cobertura.