Del nuevo Plan Decenal o de otro documento que quedará archivado

Mayo 2/17 Cuánto quisiéramos equivocarnos, pero todo lleva a pensar, casi con absoluta seguridad, que el próximo Plan Decenal de Educación (2017-2027), terminará siendo -además de un altísimo gasto de parte del Ministerio en expertos, asesores, viajes y eventos en todo el país- otra "colcha de retazos". Un documento bien diseñado gráficamente, que seguramente será presentado en un pomposo evento público, y que terminará sumándose a los planes anteriores que poco o nada impulsaron el sistema educativo.

Y no es un problema sólo de este Gobierno, sino de la forma como está pensada su funcionalidad: Un documento que no obliga, que no está amarrado a leyes, que no tiene presupuesto y que el Ministerio lo hace más "por cumplir".

Por eso es que tampoco hay afán en sacarlo adelante. Ya se atrasó un año y en este momento no se sabe exactamente cuándo va a salir.

En 2015, el Ministerio mostraba con fervor que saldría a mediados de 2016 y que su fundamento sería la educación terciaria, y nada. Llevan más de un año empantanados en la discusión, y a estas alturas aún debaten la metodología y la manera como deben articular las comisiones académica y gestora, entre otros.

El tema escasamente obtiene algunas líneas en los grandes medios y a nadie parece importarle, salvo a los contratistas del Ministerio, con poca o mínima autoridad y liderazgo para mover al sector. Por el contrario, denuncian los académicos que, más con buena voluntad que con un propósito económico, contractual o político, participan en las reuniones de las comisiones del Plan, es que las actitudes de la gerencia del Plan, y de los delegados del Ministerio, es la de evadir el debate y tratar de sacar adelante el documento como sea.

Pero basta con leer las dos versiones anteriores: El Plan Decenal 1996-2005, impulsado por el fallecido ministro Jaime Niño Díez, y el Plan Decenal 2006-2016, promovido por la exministra Cecilia María Vélez, para encontrar un listado de buenas voluntades, propósitos nacionales y suma de ideas, pero más allá de eso... nada. Los estudios técnicos de evaluación de los documentos así lo han confirmado: Son un saludo a la bandera, sus recomendaciones no han sido fundamento para la acción del Estado y aún se replican problemas estructurales de antes.

Porque no es documento vinculante, porque en el caso de la educación superior ni siquiera hay claridad al interior del propio subsector en torno de qué es lo que se quiere, y cómo, para los próximos diez años; porque no hay un líder que motive las reformas, y porque así se diera todo lo anterior, políticamente va a salir en año pre-electoral, con un gobierno con baja popularidad y sin presupuesto y en donde el nuevo gobierno seguramente llegará a decir que dicho Plan no lo puede amarrar al "mandato" que le entregarán los colombianos y que no estuvo de acuerdo con la forma como las ministras de Juan Manuel Santos llevaron el tema.

Y, con razón o sin razón, terminarán engavetando el Plan, que lastimosamente por tercera vez y por octavo gobierno consecutivo, difícilmente pasará de la misma enumeración de buenos propósitos: La importancia de la educación para el desarrollo del país, la necesidad de articular los niveles (incluido el de ciencia y tecnología y el productivo), de darle más pertinencia, de consolidarla para la paz, y de más bla, bla, bla.