Rector de la Pedagógica ya no renuncia, pero tendrá una licencia

Marzo 12/17 Tras dos semanas de incertidumbre entre la comunidad universitaria, el propio Adolfo León Atehortúa aclaró las especulaciones por su posible renuncia a la rectoría de la Universidad Pedagógica Nacional. Reconoce que sí pensó hacerlo, pero que reversó su decisión, agradeció la solidaridad de quienes no compartieron esa idea, y dice que continuará en el cargo (su periodo se vence a mediados de 2018), aunque deberá apartarse temporalmente por una licencia médica.

La siguiente es la comunicación que envío a la comunidad universitaria:

El sábado 25 de febrero envié a un grupo de amigos un escrito en el cual manifestaba mi agotamiento frente a diversas situaciones que ocurren en la Universidad, y mi disposición para retirarme de la rectoría. No era mi renuncia pero sí las razones para presentarla. El texto, sin que fuera mi propósito, se abrió paso en las redes sociales y generó una movilización sin precedentes en su naturaleza.

Ver el texto: Rector de la U. Pedagógica Nacional habría renunciado a su cargo

Casi dos semanas después, cabe la reflexión frente al balance. Los conflictos visibilizados, antes que expresión de crisis, deben entenderse como formas de socialización que, en la diversidad de sus significados, se superponen a la osificación institucional y presionan el cambio. Tal como enseña la sociología del conflicto, ninguna institución puede concebirse armoniosa; un cierto grado de conflicto es esencial en su persistencia y en la perspectiva de su propia vida. Los conflictos pueden facilitar, también, el restablecimiento de la unidad y la cohesión. 

Debo agradecer, en este plano, la enorme cantidad de mensajes solidarios. Llegaron por decenas a mi correo electrónico, se expresaron en comunicados, se ventilaron en reuniones y gritaron desde las redes y paredes de la Universidad. Recalco, entre ellos, un número importante de personas que, sin haber sido parte de la propuesta inicial, han hecho suyo el proyecto de “La Universidad que Queremos” y lo revelan de mil modos. Subrayo el llamado de los representantes profesorales, el aliento brindado por los profesores del IPN, las consideraciones presentadas por el Consejo Académico, Decanos y Consejos de Facultad, por Jefes de Departamento, sus Consejos y profesores. Pero, sobre todo, el cariño ofrecido por egresados y estudiantes; por sus representantes. Sus palabras, sus carteles y una serenata en desagravio, han sido bálsamo crucial para aliviar mi cansancio. Destaco, igualmente, la postura seria y comprometida de ASPU-UPN; aprendo de su compromiso y humildad.    

Agradezco el reconocimiento que de una u otra forma expresaron funcionarios y trabajadores. A sus sindicatos les reitero que no está en mi ser imponer, señalar o culpar. Simplemente convoco, e intento no hacerlo solo con palabras, también con hechos. He criticado, eso sí, el descuido por las cosas grandes; he propuesto delimitar las condiciones de una ética para la discusión democrática; he llamado la atención por las heridas que propinamos a las personas y a un proyecto que nos interesa como colectivo universitario. 

Finalmente, agradezco a todo el equipo directivo que siempre me ha rodeado. Con dedicación, entrega y temple, han construido muchos de los logros que hoy ostentamos. Es importante brindarles todo el apoyo necesario, sobre todo en los momentos en que por razones de salud habré de ausentarme.

Durante los últimos días, me he reunido con los Consejos de Facultad de la Universidad, con egresados, dirigentes estudiantiles y diversos colectivos de estudiantes y docentes. Todos me han alentado para continuar y han dispuesto su mejor ánimo para impulsar el trabajo. Es realmente necesario subsanar diversas situaciones.  

Si bien, varios de los asuntos que me llevaron a pensar en la renuncia solo podrán transformarse con el tiempo gracias al restablecimiento de confianzas y a partir de acciones más solidarias que expresen el compromiso con la universidad, es oportuno ahora rescatar caminos y reorientar el cauce. Mi llamado es para que nos atrevamos a tomar en conjunto los senderos que la transformación de la Universidad exige. El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento, dice Hemingway, es la humildad. La invoco. La soberbia toma como tarea demostrar quién está en lo correcto. La humildad, decía alguien, se preocupa por buscar lo correcto. Lo público implica defender y fortalecer lo común, y ese común pasa por cuidar las relaciones y los escenarios levantados para discutir las ideas.

Desde la rectoría, reasumo con energía la labor como expresión de un colectivo. Nos esperan retos grandes: la reestructuración académica, la reforma orgánica y normativa, la financiación de la universidad, su posicionamiento nacional e internacional cada vez mayor, su presencia activa en el Sistema Universitario Estatal. Debemos asumir la defensa de la universidad pública con nuevos hechos, modos y gestos que superen el nivel de las consignas y palabras, que despunten sobre la rutina, la apatía y la comodidad. 

Nos aguardan días intensos de trabajo para mirarnos, para reconvocarnos, para reanimarnos. La Universidad lo justifica y lo merece todo. Y lo merecen, sobre todo, nuestros estudiantes. Para ellos, mi amor y mi entrega de siempre. Soy y seré simplemente un profe a quien se le encarga la labor de rector. Continuaré en ella.

Muchas Gracias

 

Adolfo León Atehortúa Cruz

Bogotá, marzo 10 de 2017