El reto de hacia dónde orientar, medir y reconocer la investigación en Colombia

Nov 2014 Muchos debates se han dado entre los investigadores de las IES por el nuevo modelo de reconocimiento y medición de grupos de investigación por parte de Colciencias. Aunque las discusiones han girado en torno a qué productos de investigación se miden y valoran, porque esto tiene un fuerte impacto de las clasificaciones de investigadores y el reconocimiento salarial de su productividad en algunas IES, lo que hay en el fondo es la imperiosa necesidad de tener un debate nacional sobre hacia dónde quiere ir Colombia en su investigación y cómo darle una proyección formal.

Por ahora, el país sigue debatiendo por el presupuesto para la ciencia, en un contexto en donde sólo el 9% de los investigadores son Séniors, muchas IES han creado un esquema artificial de investigación para efectos de registro calificado, un buen número de revistas universitarias no alcanzan los reales criterios de calidad, y se cuestiona la ética de algunos investigadores. 

La investigación es la posibilidad que tiene la humanidad, basada en sus capacidades intelectuales y creativas, de superar restricciones y mejorar sus condiciones de vida. Son los países que le apuestan a la educación, invierten en ciencia y tecnología y, por sobre todo, tiene claro hacia dónde y cómo quieren desarrollarse, los que logran sobresalir.

Yaneth Giha

Se dice que Colombia destina muy poco presupuesto a la ciencia y la tecnología (Colciencias apenas recibe 378 mil millones al año, frente a los casi 3 billones que recibe el Sena para formación técnica y tecnológica). De los recursos recibidos, Colciencias destina cerca del 60% a financiar formación doctoral, y con el resto, como señala su directora Yaneth Giha, se financian muchas cosas de manera dispersa).

Cerca del 90% de la investigación que se hace en el país es generada por las instituciones de educación superior (IES), y generalmente –por costumbre, pero no por imposición de Ley, que no existe- éstas destinan cerca del 2% de sus presupuestos para investigación, lo cual podría estar incrementando la cifra de inversión nacional en el área en cerca de 200 mil millones adicionales. Según los resultados de una consultoría realizada por Colciencias en 2014 (por un consorcio con el grupo Argentino Innovos), señala que sólo cerca del 50% del presupuesto para investigación corresponde al aporte de Colciencias, lo cual indica que las entidades del sistema cada vez aportan más de su presupuesto en CTI.

Pero los resultados no satisfacen ni a los más optimistas. “Si la educación y la investigación, al menos en Colombia, se midieran por el impacto sobre la creación de riqueza, los resultados serían decepcionantes”, indica el exrector de la Univesidad Jorge Tadeo Lozano,  José Fernando Isaza.

Los registros de patentes, premios internacionales, publicaciones del más alto nivel y reconocimiento mundial y, lo más importante, invenciones que aporten al desarrollo nacional, son escasos. Si se le pregunta a los directivos del sistema de educación superior y de ciencia y tecnología hacia dónde debe crecer el conocimiento y la investigación en el país, atinan a dar las respuestas de lo que creen, ante la ausencia de un real diálogo nacional de cómo debe optimizar Colombia sus recursos y talento humano para crecer como país con ayuda de la investigación.

 

Manuel Elkin Patarroyo

El científico Manuel Elkin Patarroyo es contundente en sus apreciaciones: “La Misión de Sabios (de la que él participó como uno de los integrantes) fue un verdadero fracaso. A la fecha deberíamos tener 25 mil doctores y apenas vamos en 3.900. Deberíamos haber creado 64 institutos de investigación en todas las áreas, y hoy casi que se acaban los pocos que hay”.

Entonces, por un lado el país no tiene un proyecto definido sobre en qué áreas investigar y en qué magnitudes –salvo proyectos puntuales de algunos ministerios o entidades descentralizadas o privadas-, y por otro la investigación requiere de personal que sepa investigar (es decir, ojalá profesionales con formación doctoral –lo que cuesta mucho) y que puedan vivir dignamente (salarialmente hablando) incluso si su consagración a la investigación no concluye en los resultados esperados.

Bajo ese panorama y ante los pocos casos de empresas privadas, e incluso de entidades oficiales que invierten en formación, subsidio y financiamiento de investigaciones, casi que la única opción que tienen los investigadores es trabajar en las IES, que misional e históricamente tienen el compromiso de tratar de ir más allá de las fronteras del conocimiento. Es allí, en las IES, o gracias a proyectos apoyados por Colciencias, como los investigadores pueden hacer carrera, incluso si un buen número de sus proyectos van a parar en las bibliotecas y vanidotecas de los investigadores, y en pocos casos representan un impacto social.

Aunque, en aras de la justicia y la ética intelectual, como bien lo señala Isaza, debemos superar la errónea creencia de que en el altar de las competencias debe sacrificarse el conocimiento no aplicable. Porque –señala- creemos que la educación y la investigación deben subordinarse en las necesidades del sector productivo.

Eso sí, las naciones que han progresado son conscientes que hay que investigar, investigar e investigar, porque sólo en muy pocos casos los resultados impactan el campo de estudio abordado. De todos modos, el solo ejercicio investigativo y la creación de una cultura en el tema, constituyen una externalidad de inmenso valor generacional.

También es cierto, siguiendo a Isaza, que no siempre se necesita una estructura burocrática, tecnocrática y presupuestal para crear conocimiento y avanzar en investigaciones de alto impacto para la humanidad.

En Colombia quien desee ser reconocido como investigador debe hacer parte de un escalafón, aparecer en la plataforma de Colciencias, y para ello deben cumplir, como mínimo con los requisitos de:

  • Tener formación académica (preferiblemente de carácter doctoral. Si no la tiene -doctorado- hay un equivalente en producción académico-científica en toda su vida académica)
  • Demostrar trayectoria investigativa
  • Contar con producción científica
  • Estar identificado en una categoría, con permanencia limitada en el tiempo
  • Haber formado recurso humano, desde pregrado hasta doctorado

La curiosidad, la suerte, la simpleza y la iniciativa son componentes fundamentales para nuevos hallazgos, y es posible realizar descubrimientos sin necesidad de estructurar metodológicamente un proyecto de investigación, agenciarlo ante la Vicerrectoría de Investigaciones y/o Colciencias, hacer lobby y hacer participar a investigadores en administración de recursos y gestión de proyectos (que para ellos es aburridos y pocas veces lo saben hacer). Pero, vale aclarar que estos son casos esporádicos, que no pueden soportar el sistema de ciencia y tecnología de un país.

Según José Fernando Isaza, “creemos que mezclando las palabras pertinencia, competencia, calidad, globalización, innovación, articulación, emprendimiento con frases del tenor de “relación unviersidad- empresa”, “educación para el trabajo”, “aumentar el número de patentes”, y con un uso profuso y adecuado de acrónimos, podemos producir documentos de impacto sobre la investigación”.

La principal dificultad que tenemos es que todos los protagonistas que podrían integrar un esfuerzo común para potenciar al máximo los recursos, áreas, talentos y proyectos de investigación, van por caminos diferentes. Colciencias –que lidera el llamado sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación SNCTI, tal y como lo define la Ley 1286 de 2009-, tiene el conocimiento, pero no el adecuado presupuesto, poca autoridad y deficiente credibilidad; el Ministerio de Educación Nacional coordina gestiones relacionadas con educación superior, pero no tiene agenda en el tema, no planea con Colciencias, tampoco tiene una oficina par de Colciencias, y no asigna recursos ni da orientaciones al respecto; y elsector productivo poco o nada se interesa por el tema, y muchos de los que lo hacen responden a directrices de sus casas principales en otros países.

El último gran protagonista en el tema son las IES, que frente a la investigación se dividen básicamente en dos: Las que están convencidas que el fomento investigativo de sus comunidades académicas hace parte de su esencia universitaria y las puede poner a dialogar en el concierto internacional académico; y en este campo se podrían enumerar unas 10, máximo 15. El resto de IES, cerca de 270, o tienen buena voluntad pero carecen de recursos, talento, gestión o norte, o juegan a mentirse y mentirle al sistema de que hacen investigación, y terminan desperdiciando un importante presupuesto de la nómina docente en actividades varias que se disimulan como investigación. Cabe señalar que de las 270, hay 90 IES técnicas y tecnológicas sobre las que el sistema no tiene claro, y ellas tampoco, cuál debe ser su desarrollo investigativo.

Esto último es ocasionado, especialmente, como herencia del Decreto 2566 de 2003, que pasó a ser el 1295 de 2010, y que constituyó como un estándar de registro calificado (y en acreditación de alta calidad sí que es más que obligatorio), demostrar un compromiso con la investigación reflejado en hechos concretos: Profesores – investigadores para el tema, con la debida formación y dedicación, y proyectos – publicaciones con resultados concretos.

Lo curioso del tema es que el sistema ha asumido por defecto que todo lo que tiene que ver con medición de investigación debe responder a lo que en el país defina Colciencias, cuando esto no necesariamente es así. Las IES son libres de diseñar, crear, comparar, publicar y realizar todas las acciones relacionadas con investigación de la manera que mejor consideren, en uso de su autonomía. Al fin y al cabo, en investigación no basta la buena voluntad, sino los resultados, y sólo ellos son los que disparan una institución y los presupuestos ni las numerosas líneas, grupos, centros o investigadores que se tenga. De lo que se trata no es de tener por tener revistas científicas sino de desarrollar medios de divulgación de la investigación. Aunque algunos pares lo indiquen, no es política oficial del CNA obligar la existencia de revistas en las IES para comprobar esto.

Jorge Orlando Melo

Estas situaciones han llevado a que los ritos, protocolos y esquemas de organización, clasificación y medición de investigadores y grupos de investigación de las IES se adapten a los criterios definidos por Colciencias, pese a lo engorroso que puede resultar el que “muchos recursos se gasten en esta burocracia, en el sistema de evaluaciones que reemplaza la discusión académica, en el esfuerzo enloquecedor de los investigadores para llenar formularios, ir a comités y seguir rituales y procedimientos”, como cuestiona Jorge Orlando Melo.

Según proyecciones de Colciencias, como resultado de la medición próxima, en el país habrá 3.760 grupos reconocidos, distribuidos en:

  • Grupos A1:               247   (6.5%)
  • Grupos A:                 393 (10.5%)
  • Grupos B:                 948    (25%)
  • Grupos C:                 985    (26%)
  • Grupos D *:              1.187  (32%)

(*) Los Grupos D se reconocen por defecto, por el solo hecho de presentarse a la Convocatoria, pero – para efectos de impacto en el SNCTI, los que realmente se ponderan positivamente son los grupos A1 y A.

 

La distribución de grupos, por áreas de conocimiento, es la siguiente:

Area A1 A B C D Total
Ciencias Agrícolas 17 25 50 70 22 184
Ciencias Médicas y de la Salud 44 49 167 215 117 592
Ciencias Naturales 95 100 191 253 106 745
Ciencias Sociales 27 106 324 223 639 1.319
Humanidades 5 41 80 48 161 335
Ingeniería y Tecnología 59 72 136 176 142 585
Total 247 393 948 985 1.187 3.760

¿Cuántos grupos de investigación en A1 tiene una IES? parece ser la pregunta entre académicos para intentar medir el nivel de desarrollo investigativo de la institución, cuando esto no necesariamente se ajusta a la realidad. Una universidad con tres grupos clasificados en A puede tener un desarrollo investigativo más consolidado que una que sólo tenga un grupo en A1.

Las decisiones de Colciencias tienen un impacto en las IES, no provocado intencionalmente por dicha entidad, pero que explica en gran medida las diferencias, quejas, críticas o aceptación de los rectores e investigadores sobre la clasificación y reconocimiento de investigadores y de grupos: las IES han adoptado estos criterios para los escalafones docentes y, por consiguiente, las escalas salariales y las bonificaciones a sus académicos.

Dicho en otros términos, más allá de cambios de enfoque en la orientación del sistema de ciencia y tecnología, de miradas sobre cómo debe evaluarse y medirse la investigación o determinar sus efectos reales en el país, la investigación en las IES se ha arropado de toda la modelación derivada de las directrices del SNCTI orientado por Colciencias, y cuando esta entidad modifica los criterios de medición de grupos, como ha pasado en el último año, muchos montan en cólera porque les puede afectar algún status quo contractual o salarial o los obliga a estructurar su investigación en una dinámica diferente a la que estaban acostumbrados.

Probablemente esto no sucedería si las IES tuvieran un criterio, debidamente  sustentado y pertinente universalmente, para explicar sus propósitos y resultados de investigación.

El nuevo modelo de medición de Colciencias

Durante más de un año, y bajo la coordinación de Lucy Gabriela Delgado, directora de Fomento a la Investigación, de Colciencias (desde la época de Paula Arias y ahora, Yaneth Giha, como directoras generales), dicha entidad rediseñó el modelo de reconocimiento y medición de grupos de investigación, en la idea de que el país cuente con criterios más objetivos que identifiquen quiénes, de manera activa, hacen investigación, en qué niveles y cómo medir la misma para orientar la toma de decisiones de política pública y optimizar la asignación de recursos.

“El propósito de un grupo de investigación no debe ser estar clasificado en A1 o en A. El que piense que ese es el objetivo de su investigación, que se dedique a otra cosa”, señala Gabriela Delgado

Para otros, de lo que se trata es de medir la apropiación social del conocimiento, que es un tema muy complejo, con múltiples puntos de vista y de difícil delimitación, pero que indudablemente necesita partir de un modelo estándar, en el que todos los investigadores tengan referentes comunes. En Colombia la medición de la investigación, la producción cientítica y los grupos de investigación lleva cerca de 20 años, y se adoptó como una recomendación de la Misión de Sabios (1994). La medición de grupos es un instrumento usado para reconocer dónde estamos cómo país, en términos de desarrollo investigativo, y para identificar las capacidades y fortalezas nacionales.

Desde 2012 no se realizaba un proceso completo de medición de grupos, y a partir de la más reciente convocatoria, que cierra en febrero próximo, se espera que el proceso de registro y validación de información sea permanente.

Los criterios que se usen al respecto tendrán una fuerte incidencia en la clasificación de los investigadores y los grupos, porque, como se ha dicho, impactan directamente en los procesos de convocatoria de proyectos de Colciencias, la financiación de los mismos, y los posibles reconocimientos salariales.

Uno de los importantes cambios que ha hecho Colciencias tiene que ver con la validación de los investigadores y sus productos, pues la entidad considera que no es ella la que debe avalar la información sino que deben ser las mismas IES las que den el aval a los productos de sus investigadores, como una forma –también- de comprometerlas en el tema, además de desentralizar el proceso, de modo que se entienda que contar con información validada es parte inicial de cualquier plan de mejoramiento institucional. “La intención de Colciencias no es ser una entidad fiscalizadora, ni rivalizar con la comunidad académica”, ha dicho su directora, Yaneth Giha.

Además de que son más de 4 millones de productos – datos que hay en la plataforma tecnológica de Colciencias que registra los procesos-, se ha denunciado que un mismo grupo es avalado por más de una IES, sin que en más de una se lleve a cabo el proceso de investigación. En otras palabras, lo que se sugiere es que se “venden” los grupos y que las IES que los “compran” acuden a esta práctica con tal de poder presentar algo en sus procesos de registro calificado y de acreditación. Es así como en la presente convocatoria de Colciencias, se pide a las IES que avalen a sus grupos e investigadores solo cuando hayan verificado que la información registrada existe y que haya sido producida a nombre de su institución.

Con el aval de las instituciones se pretende, adicionalmente, evitar la práctica de algunos investigadores que en muchos casos se lucran con varios ingresos presentando el mismo grupo a nombre de varias IES. “El aval debe dejar de ser un saludo a la bandera donde todos (las IES) ponemos un chulito en el Institulac” (o programa de registro de grupos por Institución), señala Delgado. Se han conocido casos de grupos que han sido avalados hasta por 10 entidades. “En convocatorias previas, se juntaban unos con otros que no trabajaban juntos y se prestaban y compartían su producción investigativa con tal de sumar y adquirir la categoría A1 sin tener una dinámica cierta de trabajo conjunto”, dice Delgado.

A 2014, en Colombia se identifican 8.011 investigadores, clasificados en:

  • Investigadores Sénior:     694            (9%)
  • Investigadores Asociados: 1.822      (23%)
  • Investigadores Junior 5.495              (68%)

Un trabajo arduo ha sido la revisión de criterios para identificar exactamente qué, en qué niveles y de qué manera clasificar la productividad investigativa, a fin de reconocer aquello que es producción creativa – investigativa (como por ejemplo los trabajos relacionados con arte, diseño y arquitectura, que antes no se reconocían adecuadamente porque, técnicamente hablando, no están ajustados al método científico, que es el que tradicionalemente ha caracterizado la investigación registrada por Colciencias (y que en el mundo también está en discusión). También se han replanteado paradigmas y ahora se valora de manera diferente a la producción científica las memorias de eventos que muchos académicos presentaban como producto de investigación.

Otro de los cambios que ha causado cierta molestia entre algunos invertigadores tiene que ver con el reconocimiento que se hacía de las publicaciones en Publindex, que hasta ahora tenía una gran acogida entre los investigadores como medio de visibilidad de su trabajo. Según Delgado, “Publindex cumplió su función”, y señala que es una base de datos pero no un medio efectivo de proyección rigurosa del trabajo investigativo, pues nunca ha valorado la calidad de las investigaciones publicadas en revistas listadas en Publindex, al menos a nivel de su impacto y visibilidad, entre otros.

Para Delgado, la investigación del país debe tener la capacidad de ser valorada en un verdadero Indice Bibliográfico Colombiano y poder compararse con estándares internacionales, y Publindex se estaba prestando –en el falso paradigma citado por José Fernando Isaza- a hacer realidad aquello de que “cítame que yo te citaré”, especialmente entre algunos investigadores de las universidades públicas, como una manera de demostrar productividad para efectos de lograr mayores beneficios económicos salariales, a la luz del sistema de reconocimiento docente del Decreto 1279 de 2002. Bajo la estructura del Publindex, hoy se cuenta con 515 revistas “muchas de las que actualmente están haciendo un importante hueco fiscal”, afirma Delgado, quien indica cómo hay casos en los que un mismo artículo está publicado en 2 ó 3 revistas y sus autores reciben puntos salariales por ello; lo anterior sin contar como números enteros de la misma revista son hechos por los mismos miembros del comité editorial de la publicación. “Eso es aberrante”, concluye.

¿Qué va a pasar?

Se presume, por lo menos así se considera en el medio académico, que una de las principales características del investigador, es su compromiso con la ciencia y la ética, como condición sine qua non de su trabajo. El ideal del sistema es que sea transparente e íntegro, y que Colciencias pueda impulsar más el fomento y menos el control. No es admisible, por ejemplo, que cerca de una decena de casos de investigadores se encuentren siendo analizados por la Fiscalía, por los fraudes detectados por Colciencias en la información suministrada por ellos en sus registros en la plataforma. Por ello se requiere, urgentemente, un estatuto ético de la actividad científica y de los investigadores en Colombia, que asigne una co-responsabilidad sobre la información y los desarrollos a las IES y sus directivos, a los investigadores y, claro está, a los mismos responsables del SNCTI que permitan asignaciones presupuestales a proyectos que no contribuyan realmente con los avances que el país espera de su desarrollo científico.

¿Qué va a pasar? No se sabe exactamente. Con más resignación que reconocimiento, los investigadores se irán adaptando a las nuevas orientaciones de Colciencias para la medición.

Lo que sí es claro es que se demanda que tanto el SNCTI como los rectores y el MEN se sienten seriamente, incluso bajo algunas otras dependencias del Estado que inciden sobre investigación, y hasta Minhacienda y el DNP, y las regiones, a definir exactamente hacia dónde quiere y necesita dirigir el país sus esfuerzos en materia de Ciencia y Tecnología.  

Sólo así será posible evitar que la asignación de presupuestos a Colciencias y el nombramiento de sus directores esté condicionada a un proyecto nacional y no a uno político.

De lo contrario, corremos el riesgo de que en el mediano plazo, con otros directores, se presente al país un nuevo modelo de medición que pueda llegar a no dar respuesta a lo que Colombia realmente necesita si quiere progresar soportado en el SNCTI.

Información de referencia:

Colciencias: Modelo de medición de grupos 2014

Características e innovaciones de la nueva convocatoria de Colciencias