La investigación en el marco de la educación superior en Colombia

Creado en Lunes, 14 Diciembre 2015

La académica Ubaldina Díaz Romero (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) ha desarrollado investigaciones en las universidades Libre y del Atlántico, y en el siguiente texto analiza los retos de la universidad colombiana para repensar su misión y visión institucional, pues "está en mora de realizar una apertura franca y amplia hacia la empresa a nivel nacional e internacional".

1. Aproximación a un diagnóstico

La investigación en todos sus ámbitos lleva implícito el sello del desarrollo. Incluso, cuando se aborda el tema de diagnósticos respecto a impactos negativos de prácticas científicas en contextos muy específicos. Incluso cuando se habla del “desastre del progreso” (Beck, 1999, por ejemplo,  al tratar el tema del desastre ambiental producto de tal desarrollo), lo que se tiene en la mira es la búsqueda de nuevas e innovadoras formas de atenuar tal impacto sin cortar la dinámica del desarrollo.

Colombia es uno de los países que ha destacado en el pasado como una de las democracias más duraderas del cono sur a pesar de sus conflictos internos.  Hasta hace algunas décadas, nos preciábamos de un sistema educativo,  “superior” por ejemplo, al venezolano.  Las redes y el tiempo, se han encargado de colocar en tela de juicio todas las autovaloraciones que permeaban la percepción de ciudadanos y actores dentro del sistema educativo nacional.

Hoy, sabemos que la  triada Desarrollo- Educación –Autonomía conforma un bloque cuyas posibles zonas de contacto muestran muchas aristas que bloquean la articulación de dichos términos.

Tendríamos que pensar en lo que en otros países,  ha definido su mejor desempeño en asuntos relativos al avance en la investigación de cualquiera esfera de la ciencia. Tendríamos que, antes que   reproducir los modelos, mirar qué cosas hay detrás de dichos modelos, que afianzan y coadyuvan la misional tarea investigativa en educación superior.

El avance desde diversos ángulos y orillas del conocimiento científico está determinado por la concurrencia  de varios factores que en muchos casos, no se logra aglutinar. En particular, porque sigue existiendo un divorcio entre el amplio sector industrial y el medio universitario; en parte porque el investigador universitario se encuentra ante la ausencia de un eficiente subsistema de relaciones interinstitucionales que gestione adecuadamente frente a dichos sectores industriales y en tercer lugar, porque una errónea interpretación de lo que se llame Autonomía Universitaria, da al traste con los avances que podrían garantizar  pasos significativos  a los procesos de creación o invención, registro de patentes y demás relacionados con el hacer investigativo. En la Educación Superior, por otra parte, se refleja  un problema de autoestima que niega  crédito a sus  propios investigadores, en un porcentaje significativo dentro del grupo de los establecimientos de educación superior. Fenómeno asaz curioso dado que las Universidades se ven sometidas a rankings nacionales e internacionales, en los cuales adquiere gran pesos específico la cuestión de las investigaciones y consecuentes publicaciones, entre otras. Pero a la hora de ratificar dichos logros a nivel de los registros de patentes y similares, los indicadores registran altos contrastes con las cifras que aparecen en aquellos rankings. Lo anterior hace pensar en un desaliño administrativo para llevar los productos de sus trabajos investigativos  hasta el punto de  adquirir la visibilidad y la seguridad  que requieren o, por otra parte, una  falta de credibilidad en el trabajo que realizan dichos investigadores.   Es decir, existen grandes tramos débiles en la ruta que ha de recorrer  un producto o proceso para acceder a la protección de la propiedad industrial. 

La cultura del subdesarrollo,  de la dependencia,  fija las acciones de la reduplicación de procesos, la subestimación de los procesos técnicos propios  como partes ajenas a la gran meta del desarrollo, hace que se miren tales procesos como de inferior nivel. Lo anterior genera un divorcio casi que absoluto entre quienes desarrollan tecnología y quienes avanzan procesos de investigación a nivel de universidades de tradición.

Respecto al tema de la Autonomía hace algunos días un importante invitado de Argentina, sugirió en sus charlas en la Universidad Nacional, el urgente compromiso del medio universitario latinoamericano por resignificar la noción de Autonomía en la Universidad pues, ciertamente ella hoy no responde a las expectativas como hace 100 años cuando hubo a nivel regional las reformas universitarias que dieron origen a las Universidades de hoy. (Tatián, 2015). Lo que se cuestiona es la naturaleza que adquirió tal concepto: se le atribuye un carácter defensivo y no afirmativo. Para el autor, aunque la autonomía repercutió en mayores libertades para estudiantes y profesores,  en un momento en que las necesidades históricas exigían la total separación de los entes de educación superior de las políticas de turno y de los credos religiosos, para reafirmar su vocación investigativa y académica, en un momento dado dicho ejercicio echó tierra al compromiso radical de los entes universitarios con la sociedad. Es decir hubo una “endogenización” en el desarrollo de la  universidad: creció hacia dentro. Y con dicha endogenización,  una idea también endógena de  autonomía que prescindía de la noción de responsabilidad social. Por tanto, esa forma de crecimiento no propició el anhelado desarrollo social, industrial, técnico que se esperaba.

Por ello, en estos  primeros años de siglo, algunos directivos y docentes críticos y autocríticos de su entorno,  promueven una idea que permita hacer de esta facultad de autonomía algo que precisamente recobre al interior de las Universidades, su rol decisivo frente al desarrollo de la sociedad.

Por ejemplo,  para nuestro país Colombia,  es un reto decisivo de la Educación Superior su rol protagónico en el ejercicio de las acciones tendientes al logro de las metas relacionadas con el mejoramiento de las condiciones de vida de las franjas más frágiles de la población, mediante la apropiación de su lugar en el postconflicto, mediante la búsqueda de nuevas sinergias del tipo Universidad-Empresa-Región que respondan a las exigencias de los planes de desarrollo local y regional, en su compromiso por cumplir con los acuerdos de paz. Y  no hablamos de metas  a corto plazo relacionadas con reasentamientos y repoblamiento de zonas otrora afectadas por el conflicto.  

Hablamos de mejoramiento integral lo cual implica obviamente, ampliación de  cobertura en servicios básicos en zonas alejadas de cabeceras municipales, acceso a los bienes colectivos, mejoramiento del acceso a la educación, nuevas fuentes de trabajo,  mayor apoyo técnico en la actividad agrícola y pecuaria entre otras.  

Si trabajamos a nivel de nuestras instituciones de educación superior, teniendo como horizonte una tarea prioritaria como ésta, de seguro la gestión ante las empresas, mediada por los estímulos fiscales que brinda el gobierno para tales tareas y apoyos por parte del sector empresarial, ha de redundar en una efectiva tarea de consolidación de recursos.

Para enfrentar la mentalidad del subdesarrollo propiciada por la percepción de nuestra cultura como dependiente de otras, debemos recordar que una cultura vive porque es capaz de transformarse, una cultura existe porque puede reaccionar ante los estímulos acogiendo entre ellos los que mejor se acomodan a sus modos de comprender el mundo, a  las relaciones entre las personas, a  las necesidades de los humanos y demás seres vivos que la integran. Una  cultura no se extingue al entrar en contacto con otra, si este contacto es de relación y no de sometimiento o dominación. Por tanto se hace urgente fortalecer en aras al fortalecimiento de nuestras culturas,  los lazos de cooperación  y no de dependencia, hoy más que nunca cuando nos encontramos plenamente conscientes de los riesgos explícitos y potenciales que conlleva la salvaje confrontación de convicciones y principios.

2. Retos de la investigación en educación superior en Colombia

Actualmente Colombia se encuentra atravesando procesos de negociación que involucran la actividad del Estado y de la sociedad civil en grado sumo. El amplísimo campo de los eventuales acuerdos de La Habana,  por ejemplo, abarca gran cantidad  de acciones en los más variados frentes de la actividad nacional. Se involucra el sector educativo, judicial, los medios de comunicación, las ONGs,  las autoridades administrativas a diferente escala y,  desde gremios, asociaciones de profesionales hasta  entidades descentralizadas, entre otras. La concertación de actores  ha de superar inicialmente, muchísimos factores relacionados con las expectativas  individuales y colectivas.

Los TLC, por su parte, y desde otra óptica, exigen   permanente actualización tecnológica de los sectores productivos para lidiar con el acceso a la competitividad que haga  visible en el mercado, la presencia de industrias nacionales. Es preciso para comprender esta urgencia,  extrapolar conceptos o teorías explicativas de un ámbito de investigación científica como el de las ciencias básicas, para las ciencias humanas. Se afirma en este sentido que la característica única y decisiva de la especie humana no es la cultura, sino la evolución cultural (Ruffié;1982, pp, 278-285), es decir la capacidad de comportamiento, a través de la asimilación y/o  reelaboración de patrones de acción más coherentes con las nuevas condiciones del medio. Por ello, la indagación acerca de su rol – el de la cultura -   en cuanto al modo de viabilizar estrategias de acción frente a problemas contemporáneos, constituye un elemento crucial para el avance de políticas  públicas encaminadas a la solución de problemas de discriminación o estigmatización social.  

La universidad colombiana ha de concebir los retos que frente a ella tiene, como una oportunidad valiosísima para repensar su misión y visión institucional: para ratificar en el campo de los hechos, que es la educación superior, como producto de la labor investigativa,  la que ha de orientar como brújula dorada, los procesos de desarrollo en el país. Que no son las necesidades  vistas por el lente aislado de los propietarios o de los gobernantes,  las que determinen los programas y/o lineamientos del Plan de Desarrollo diseñado para afrontar las  grandes prioridades de Colombia en los años venideros de este siglo XXI. La universidad colombiana está en mora de realizar una apertura franca y amplia hacia la empresa a nivel nacional e internacional. Además, a la idea de  relacionarse de modo decisivo con sus homólogas de otras latitudes. Sólo así,  sin dejar a un lado su identidad, podrá garantizar su existencia ante los riesgos explícitos que conllevan las acciones de los entes trasnacionales en un mundo como el que vivimos.

El siglo XXI ha traído consigo aquel Estado llamado por Beck la Modernidad Reflexiva; con él, la comunidad científica y la sociedad occidental en general promueve el  replanteamiento de  los grandes logros de la ciencia, que han revertido en impactos negativos para la supervivencia en el planeta de las próximas generaciones. Lo anterior, como uno de los movimientos desplegados en función del Principio de precaución, ha implicado también la reversión de la mirada del científico hacia el campo de las ciencias sociales. Dada la incesante  actividad en el flujo de las relaciones a través de las redes sociales gracias a los continuos avances de las tecnologías de la información, la sociedad se hace consciente de las afinidades en cuanto a problemas contemporáneos que afectan el desarrollo social, en sociedades no sólo europeas, sino latinoamericanas, orientales, africanas, entre otros. Es decir que la globalización no sólo ha generado la constitución de un mercado mundial: también con ella, a través de la aceleración del desarrollo tecnológico que se convirtió en su eficaz instrumento de homogenización, se produjo un proceso cultural tan atípico y hasta cierto punto, serendípico, en virtud del cual , a pesar de las tendencias  homogeneizantes suscitadas por los grandes monstruos de la publicidad de las multinacionales y  de los distanciamientos que promueven los fundamentalismos religiosos, entre otros,  las sociedades han experimentado una notable afirmación de sus valores compartidos, sin negar sus especificidades,   una ampliación del sentido de comunidad,  en torno a problemas típicamente contemporáneos, como por ejemplo aquellos relacionados con la irrupción de nuevas identidades sociales y culturales; la identificación y reconocimiento de minorías étnicas, sexuales, raizales, entre otras. Se piensa hoy en comunidades transnacionales, aquellas unidas por valores e instituciones compartidas. Y ésta es la trama de la cual debe nutrirse la investigación en los centros universitarios porque es precisamente allí, en esa trama de las especificidades históricas y culturales y los problemas que se suscitan en su seno, donde está la razón de ser de las Universidades como entes de investigación por el desarrollo y para el desarrollo. 

 

Bibliografía

- Fals Borda, Orlando. Ciencia propia y colonialismo intelectual: los nuevos rumbos. Revista Colombiana de Sociología.3a. ed., Bogotá: Caríos Valencia editores, 1987
- Honneth, Axel. La lucha por el reconocimiento: La gramática moral de los conflictos sociales, MIT Press 1996
- Inglehardt R.; Welzel Christian. Modernization, cultural change and Democracy.
- Justicia Transicional y Diálogos de paz en Colombia. Informe No. 49. International Crisis Group
- Ruffié, Jacques. De la biología a la cultura. Muchnik Editores, Barcelona, 1982, pp, 278-285.
- Winch, Peter. Ciencia social y filosofía. Amorrortu Editores. Buenos Aires.1998.

Cibergrafía: http://www.co.undp.org/content/colombia/es/home/mdgoverview/