La democracia en la universidad

Creado en Viernes, 09 Octubre 2015

El Director del Instituto de Filosofía de la U. de Antioquia, Francisco Cortés Rodas, evalúa cómo la dimensión política en la universidad no puede ser omnipotente y debe permitir el desarrollo y florecimiento de las dimensiones de la ciencia, la academia, las humanidades y la libertad de los individuos.

Se me ha pedido que escriba sobre democracia universitaria a propósito de una intervención que hice en el último Consejo Académico, y que desarrolle con mayor amplitud lo que expresé allí. Quiero presentar este argumento que fundamenta una tesis democrática: La dimensión política en la universidad no puede ser omnipotente. Debe permitir el desarrollo y florecimiento de las dimensiones de la ciencia, la academia, las humanidades y la libertad de los individuos.

1) La universidad es la base sobre la cual la sociedad y el Estado pueden dar lugar a la más clara conciencia de la época. Allí pueden reunirse profesores y alumnos con la única función de buscar la verdad argumentando con razones. La universidad es la institución central de la ciencia, la formación, la cultura y las artes. Y lo es porque es la mejor dotada para mantener su continuidad y enseñar a nuevas generaciones de científicos, profesionales y artistas. Lo que define a la universidad no es la política, ni los compromisos que en ella se den con la actividad política. La universidad está determinada, por las dimensiones académica, científica y humanística. “Cuando la actividad principal de las universidades es la política y no la científica y la académica, la primera que se ve amenazada es la autonomía universitaria” (Hoyos, 2009, 354).Esto quiere decir que la dimensión política no está entre los valores propios de la universidad, no es una dimensión esencial.

Esto no quiere decir que la política no tenga lugar en la universidad.Lo tiene de diferentes maneras: i) la dimensión política tiene que ver con las formas de participación en los organismos representativos; ii) con las respuestas que debe dar la comunidad universitaria frente a proyectos del gobierno o de otros actores internos o externos,iii) o frente a amenazas y otras formas de violencia externas o internas contra la universidad. La respuesta a este tipo de situaciones demanda la acción política, es decir, la organización del pleno de la comunidad académica que, en estos casos, actúa políticamente.

Pero esto tiene condiciones: la dimensión política puede tener un lugar en la universidad si respeta los espacios de acción de la academia, la ciencia, la formación y si no recurre a la violencia. Respetarlos quiere decir que las decisiones de las asambleas de estudiantes o profesores no deben limitar o impedir durante largos o cortos períodos de tiempo la normalidad académica de la universidad, las clases, la investigación etc. El pronunciamiento, la crítica, las demandas y reclamos de los estudiantes y profesores deben estar dentro de las universidades, pero no tienen porque desplazar la actividad académica, ni conducir a ceses de actividades o al paro.

La violencia política ejercida por los estudiantes más radicales, los capuchos, que defienden la lucha violenta por el poder, ha producido en los últimos años una especie de bloqueo de las capacidades académicas, culturales y políticas de la universidad. La violencia no debe tener lugar en la universidad. La coerción e intimidación contra estudiantes y profesores, que en determinadas situaciones se apartan del sentido de las decisiones de las asambleas, es resultado de concebir la política como una dimensión omnipotente en la universidad, la cual está por encima de las dimensiones científica, académica y formativa.

La política debe tener unos tiempos, unas formas, unos límites. Somos seres finitos y nuestro tiempo en la vida y en la universidad es muy corto. No tenemos la capacidad, es decir, el tiempo para cuestionar todo y examinar todo en lo que respecta a las posibles alternativas referidas a la legitimidad de cada norma. Esta limitación de la dimensión política está dada por las demandas de las dimensiones académica y científica, y por el más básico interés del estudiante de prepararse científica y académicamente.

En las universidades públicas, una dimensión que no es esencial de la universidad, como la política, ha terminado limitando el libre desarrollo de aquellas dimensiones que la definen: la académica, la científica y la humanística. “El miembro de la comunidad universitaria está en todo su derecho de ser político, pero si no lo es, no contradice con ello su función de universitario. Así mismo, el miembro de la universidad está en todo su derecho de no ser político, porque como miembro de la universidad no ingreso a esta para hacer política, sino para desarrollarse científica y académicamente. Y el miembro de la universidad que tiene agenda política debe respetar ese derecho” (Hoyos, 2009; 356).

2) Para juzgar la política democrática se parte hoy de la idea propuesta por Rousseau, según la cual sin una efectiva participación democrática en las decisiones relativas a la vida en común, no puede haber democracia. Este criterio es utilizado para cuestionar especialmente la democracia representativa por las limitaciones que ella tiene para garantizar la participación de todos en la vida política.Y esta crítica es válida. Pero es problemática la extensión de este criterio de juzgamiento a otras esferas sociales de acción.

El proceso democrático de construir decisiones colectivas, guiado por el principio de la regla de la mayoría, es específico del mundo político, del lugar donde el pueblo actúa políticamente. En la esfera de las instituciones políticas, que les concierne directamente la lucha por el poder, como el congreso, las asambleas, los concejos, las juntas locales, los partidos, los movimientos sociales, el triunfo en la política se produce mediante el voto de las mayorías. Estos actores están obligados a actuar políticamente en estas arenas y si no lo hacen, están desvirtuando su función. Ahora bien, el que quiere hacer este tipo de política, con estas pretensiones en la universidad, está equivocando su acción como universitario y está desvirtuando lo específico de la política.

En la universidad pública, no hay, ni puede haber, elecciones directas de los directivos de turno, ni la democracia directa, si existiera, puede remplazar las decisiones de los organismos legítimos. Y esto se deduce de lo afirmado, pues la universidad no tiene la misma estructura jurídica y política que el congreso, una alcaldía o una gobernación. La universidad como una institución del Estado, con una naturaleza jurídicadiferente, cuyas dimensiones esenciales son la ciencia, la academia y la formación, debe estar regida por otros principios, normas y prácticas, y la dimensión política debe darse sobre la base de la no limitación de las otras dimensiones, de su respeto y reconocimiento.

Es importante mencionar solamente dos situaciones para ejemplificar estas ideas. En el caso de la designación de los directivos en la universidad los principios deben ser estrictamente académicos y meritocráticos y no la regla de la votación mayoritaria, ni una forma de participación democrática directa. En el caso de las decisiones académicas, los mecanismos decisorios son los Consejos de Facultad, Escuela e Instituto, los Consejos Académico y Superior, apoyados en una representación que incluye profesores y estudiantes (Hoy ciertamente muy  limitada en la Universidad de Antioquia).

Frentea las limitaciones de la forma representativa existenteen las universidades públicas, algunos sectores de estudiantesy de profesores, oponen como alternativa una forma de democracia directa. Esta participación directa para elegir los funcionarios directivos o para decidir sobre los asuntos académicos, propios de los Consejos Superior y Académico,por decisión mayoritaria es, democráticamente hablando, un mal método. La regla de oro de la mayoría, o la participación democrática directa en los procesos decisorios del Estado, tan importantesen la esferapolítica, pueden ser mecanismos contraproducentes para la designación de los funcionarios académicos o para tomar decisiones académicas.

La democracia directa es hoy en día una propuesta insensata tanto en el ámbito estatal como en una institución como la universidad. Al respecto dijo el pensador de la tradición socialista, Norberto Bobbio: “Es materialmente imposible que todos decidan todo en sociedades cada vez más complejas como las sociedades industriales modernas; y es desde el punto de vista del desarrollo ético e intelectual de la humanidad, indeseable” (Bobbio; 1992, 33).

3) Dicho esto sobre la universidad voy a hacer una breve narración sobre la democracia. En las discusiones políticas actuales sobre cómo definir la participación de los ciudadanos en el poder encuentra uno cuatro alternativas:la democracia directa, la democracia representativa, la democracia deliberativa y la democracia populista.

i) La democracia directa.En la Grecia antigua encontramos el primer ejemplo de una sociedad que delibera explícitamente sobre sus leyes y que modifica esas leyes, es decir que hace política en el sentido de la actividad colectiva de la asamblea del pueblo - demos- para instituirse como sociedad autónoma. En la antigüedad la filosofía política se expresó en la organización de los asuntos políticos en el espacio público, donde la comunidad de los ciudadanos, anunciaba su absoluta soberanía, y ejercía el dominio en virtud de sus propias leyes, pues ellos tenían una legislación propia e independiente y se gobernaban a sí mismos. A esta concepción de la democracia le pertenecía también la idea de la igualdad política de todos los hombres libres, que comprendía la igual participación en las acciones políticas y en el poder. Esto es autodeterminación, es decir “la autodefinición del cuerpo político por medio de la creación de la ley” (Castoriadis, 1988, 117). Para los griegos de la antigüedad quien gobierna es el cuerpo de los ciudadanos, que son los varones libres y adultos. La asamblea del pueblo asistida por el consejo hace las leyes y gobierna. Esta es la democracia directa.

ii) La democracia representativa.El paso de la política como participación de todos los ciudadanos en el poder, según la practicaron los antiguos, a la política representativa de las sociedades modernas del siglo XVII en adelante, supuso un hecho básico: mientras más grande es la colectividad política, menos capaz se muestra el pueblo, como tal, de desenvolver la actividad creadora de la formación directa de la voluntad política, y más obligado se ve a limitarse a crear y controlar el verdadero mecanismo que forma la voluntad política: la representación. Benjamin Constant escribe en los años de la Revolución Francesa de 1789: la única democracia es la democracia directa, y esta es imposible en nuestra sociedad. Es imposible a causa del tamaño de la colectividad; es preciso pues elaborar el sistema de la representación, que ya no es democrático.

Históricamente, la idea de la democracia representativa se concreto por primera vez en la creación de una nueva Constitución en la Francia revolucionaria. Uno de sus artífices fue el abateSieyès, quien afirmó que el pueblo tiene, el poder constituyente, es decir, el poder de determinar la forma de gobierno, la constitución misma. «La Constitución no es obra del poder constituido, sino del poder constituyente». El pueblo es el único que puede darse una constitución y es el único que puede cambiarla.

Sieyès construyó, por medio de la distinción entre poder constituyente y poder constituido, el mecanismo que era necesario para que la voluntad soberana del pueblo se manifestara por medio de la representación. Con la teoría del poder constituyente Sieyès retoma la idea del cuerpo político soberano de la democracia directa que Rousseau había formulado, pero en un contexto donde se habla de «voluntad general representativa», o sea en un momento que está atravesado por la necesidad de la representación. Esto no sólo en el nivel del poder constituido, sino también en el nivel más alto del poder constituyente, desde el momento en que el pueblo necesitaría siempre para expresarse un núcleo de personas, más precisamente la “Asamblea constituyente”, que es una asamblea de representantes.

En este sentido, se ha afirmado que “la democracia del Estado moderno es una democracia mediata, parlamentaria, en la cual la voluntad colectiva que prevalece es la determinada por la mayoría de aquellos que han sido elegidos por la mayoría de los ciudadanos” (Kelsen, 1920: 47).

Representar significa actuar en interés de los representados, de una manera que responde a ellos, pero el representante debe actuar con independencia; su acción debe comprender discreción y juicio. El representante debe ser concebido como capaz de acción independiente y juicio ponderado, y no solamente como un simple encargado. Cuando las personas son representadas, su pretensión de tener algo qué decir a favor de sus propios intereses debe ser atendida por el representante por medio de mecanismos institucionales de participación (Pitkin, 1972: 212). Por estas razones la concepción moderna de la democracia acepta que la libertad política se limite mediante la regla de mayoría y el principio de representación.

Debemos señalar en este momento los límites del concepto de la democracia representativa. En las últimas décadas, en varios países de Europa y América Latina, los intereses políticos, económicos y sociales de las mayorías no han obtenido su reconocimiento en Estados estructurados bajo la forma de la democracia representativa.Han surgido nuevos movimientos políticos con mucha vitalidad y fuerza como “Syryza” en Grecia y “Podemos” en España. La democracia representativa que funcionó de manera exitosa e incluyente en los países más desarrollados en el siglo XX, es inaceptable, como una concepción de la democracia para países en los que hay una profunda desigualdad entre sus ciudadanos, como es el caso de Grecia, Portugal y España, y muchos países de América Latina.

De acuerdo con esto, contra una democracia liberal basada en la delegación para elegir los representantes, que pueden ser controlados solamente en elecciones, los nuevos movimientos democráticosy sociales vienen afirmandodesde hace varias décadas que los ciudadanos, naturalmente interesados en política, deben asumir directamente la tarea de intervenir en las decisiones políticas. Estos nuevos movimientos reclaman la necesidad de aumentar el número y poder de espacios abiertos a la participación ciudadana. En concreto, desarrollar las democracias existentes a través de múltiples canales de participación y ampliando los derechos civiles, sociales y políticos que hacen posible la participación. De aquí surgen la democracia deliberativa y el populismo.

iii) La democracia deliberativa.La tesis central de la concepción deliberativa dice que la democracia debe hacer posible la participación de todos en la esfera social de acción de la política. El Estado legítimo debe ser democrático, popular y liberal. El Estado democrático se funda en la soberanía construida a través de la representación universal y el mandato libre, en la perspectiva de la formación de un orden político unitario, racional y juridificado, que se constituye mediante leyes emanadas de la soberanía misma, creadas por los legisladores en el Parlamento. En efecto, es a través del legislativo, entendido como el poder soberano autorizado por todos en condiciones de igualdad, que el pueblo se transforma en neutral y universal, en ciudadanía. En el Estado democrático la ley debe ser el resultado de la soberanía popular, es decir, de la participación en su construcción, mediante la representación, de todos los posibles afectados por la ley. Porque sin soberanía popular, escribió Rousseau, no hay legitimación política de la ley, solamente dominación.

Según los teóricos de la democracia deliberativa, la democracia es formal, representativa, pero se puede entender también como un modelo de confrontación. En este modelo, un Estado es democrático si sus ciudadanos tienen la posibilidad de confrontar lo que el gobierno decide. Confrontar quiere decir que cada ciudadano puede argumentar con razones contra las decisiones tomadas por los agentes de los poderes públicos. En este sentido, la democracia se construye mediante el ir y venir de las razones que cada ciudadano da, de forma argumentada, enfrentando las decisiones gubernamentales o resistiéndose a ellas.

La deliberación se concibe en la forma de comunicaciones horizontales, en la producción múltiple de contenidos, amplias oportunidades de interacción, confrontación sobre la base de la argumentación racional, y en una actitud positiva para la mutua atención y escucha recíproca. Además, las concepciones deliberativas de participación han penetrado el Estado democrático, a través de reformas que incrementan la participación en las instituciones públicas, y esto se ha hecho a través del reconocimiento político del derecho a disentir.

Formas deliberativas de la democracia son defendidas en las actuales discusiones políticas como un camino para canalizar el apoyo de los ciudadanos críticos dentro de las instituciones democráticas para construir sobre esto la asunción de que las democracias contemporáneas necesitan combinar las instituciones representativas con otras formas de acción política.

iv) La democracia populista. Según esta concepción se debe radicalizar la democracia con el fin de hacer viable la participación de todos en la definición de los asuntos comunes. El populismo propone la realización de la democracia directa, el ejercicio del poder, sin intermediario esencial, por el soberano, es decir, el cuerpo de los ciudadanos. La idea de la representación está por completo ausente de la práctica política del populismo. El ejercicio de poder en la democracia directa no se da a través de representantes, sino de jefes, individuos eminentes, líderes, como Pericles, Robespierre, Perón y Chávez. Si es posible mantenerlos bajo control no hay problema y eso sucedió en la Grecia clásica, de ahí en adelante los líderes rompieron las riendas que manejaba el pueblo soberano.

En el diagnóstico del que parte el populismo en América Latina se afirma que el orden global neoliberal es la expresión de una determinada alineación de las relaciones de poder entre las corporaciones capitalistas y los Estados nacionales. Frente a este sistema de poder propone un desafío a la hegemonía del “mundo globalizado”, a través de una profundización de la “revolución democrática”, entendida como la extensión de las luchas democráticas por la igualdad y la libertad a un número creciente y amplio de relaciones sociales (Laclau y Mouffe, 2010, 17).

Siguiendo la tesis de Claude Lefort de que el momento clave en la historia política fue la invención democrática, el populismo concibe que el programa de una democracia radicalizada no tiene ámbitos de acción privilegiados ni esferasque deban ser excluidas a priori. Por esta razón, las instituciones jurídicas, el sistema educativo, las relaciones laborales, la esfera de la economía, las poblaciones marginales, las luchas feministas, de género y culturales, deben ser objeto de la democracia radical.

Este populismo, que apela a la voluntad del pueblo representada en el líder carismático y a una radicalización de la democracia, ha generado, sin embargo, dos serios problemas al Estado constitucional de derecho: una transformación de las estructuras del Estado y de la Constitución en función de un predominio del poder presidencial sobre el legislativo y el judicial, y un sometimiento de la esfera económica al poder político.

Los gobernantes populistas en América Latina han desconocido en sus respectivos países las libertades individuales, han excluido a grupos de ciudadanos de la participación en la deliberación y decisión de las políticas públicas, y así han convertido el poder político en un poder centralizado en el gobernante y sus agentes. El gobernante populista tiene que controlar el poder del pueblo y para esto tiene que convertirse en líder carismático.

En el caso de Venezuela, Chávez desmontó el capitalismo que allí existía, pero no lo sustituyó por otro modelo productivo. Esto explica la crisis de abastecimiento e inversión, la inflación y la creciente dependencia de los ingresos petroleros. Su modelo económico se sostiene en la dependencia del petróleo y los recursos naturales en general. Esta dependencia excesiva de los recursos naturales constituye un problema para la diversificación de la economía, y como ha sucedido con la caída de los precios del petróleo, ha generado una profunda crisis económica, que se proyecta políticamente en las relaciones con sus países vecinos.

La política populista de repolitizar la economía para hacer valer el derecho del agente social a la igualdad y a la participación en tanto que productor y no solamente en tanto que ciudadano, ha terminado en una política de estatalización de las empresas manejadas ahora por burocracias sindicales bastante ineficientes, y de expropiaciones, que ha ido minando los presupuestos fundamentales para el funcionamiento de una economía productiva y competente.

Hecha esta presentación de los cuatro modelos de democracia podemos decir que la democracia populista esun mal método para desarrollar el proceso de participación de los ciudadanos en las decisiones básicas de una sociedad.El populismo concibe que el presidente sea considerado como la encarnación del país, principal custodio e intérprete de sus intereses, y así justifica que podrá gobernar como considere apropiado, sin ninguna restricción jurídica o constitucional. La democracia representativa tiene también grandes limitaciones frente a nuevos problemas políticos y demandas de la sociedad contemporánea. En esta forma de democracia no se ha reconocidola necesidad de abrir nuevos espacios a la participación ciudadana, ni otros canales de participación para nuevos grupos y movimientos sociales.

La democracia deliberativa y participativa es la alternativa con mayor viabilidad frente a los problemas de nuestras sociedades. Demanda la inclusión de todos los ciudadanos en el proceso político de creación de las leyes y crea las condiciones para que puedan expresar su voz. De hecho, la deliberación tiene lugar entre ciudadanos libres e iguales. Esto significa que el proceso deliberativo tiene lugar bajo condiciones de pluralidad de valores, donde la gente tiene diferentes perspectivas pero enfrenta problemas comunes. Al menos todos los ciudadanos deben ser capaces de desarrollar esas capacidades que les den a ellos acceso efectivo a la esfera pública (Della Porta, 67; 2013).

4) Finalmente, a partir de esto se puede proponer para la discusión de lo que debería ser la política en la universidad las siguientes ideas: de la misma manera que la democracia representativa es insuficiente en el nivel político estatal lo es también en la universidad. Ante esto propongo repolitizar la representación democrática en la universidad haciendo valer la deliberación democrática, de tal manera que la representación pueda entenderse como un proceso cuyos referentes centrales no sean exclusivamente la conformación de los consejos, las votaciones, las decisiones, sino que consista también en el intercambio discursivo entre los universitarios, mediante el ir y venir de razones y argumentos a las instancias de decisión y de regreso a las bases. Esto debe hacer posible la creación de condiciones que permitan a todos los afectados por una norma o decisión, poder influenciar en el proceso de construcción de estas.

Es necesario por esta razones, siguiendo el sentido político de la Constitución del 91, generar un acercamiento entre el esquema de la representación que determina el orden normativo vigente y una nueva visión de la democracia, que según el artículo 22 constitucional apunta a una sociedad igualitaria, pluralista e incluyente. Esto quiere decir que la idea de participación política, planteada en la Constitución, se deberá ampliar, también en las universidades, con la introducción de los componentes de participación.

Pero estos procesos deben tener como condición básica que la dimensión política tenga su lugar, pero respetando las otras esferas sociales de acción o poderes.La dimensión política no puede ser “omnipotente”. Vivimos en un mundo plural en el que coexisten varias “potencias” o “poderes” (formaciones políticas, fuerzas económicas, tradiciones, culturas, convicciones). En el Espíritu de las leyes Montesquieu destacó el efecto políticamente liberador que tiene la división de poderes políticos (la división en un poder ejecutivo, legislativo y judicial). Pero este efecto liberador va mucho más allá de este caso político especial. “Cada potencia asegura al hombre un espacio frente a los otros poderes, y lo salva de la intervención exclusiva y determinativa de una única potencia, frente a la cual el hombre sería impotente por sus propios medios: solo mediante la división de estas potencias uno es libre y un individuo. Así pues, es ventajoso para el hombre tener muchas convicciones: tener muchas tradiciones e historias en lugar de no tener ninguna o tener una sola” (Marquard, 76; 2012).

Para los hombres solo hay libertad individual allí donde no están sometidos a la intervención exclusiva de un único poder absoluto, como en la edad media el poder de la iglesia, como en las revoluciones comunistas el poder del partido, sino que coexisten varios poderes en la realidad. Si alguno de estos poderes reales, como la política, la economía, la religión, la ciencia, se erige sobre los otros como un poder omnipotente, se limita la libertad individual y los hombres no pueden hacer nada frente a su intervención todopoderosa.

Cuando la dimensión política se instala en el discurso político como “omnipotente” excluye, quita realidad, a todo lo demás. Lo excluido, —la academia, la ciencia—es declarado menos importante, menos real, casi una nada.

Afirmar la omnipotencia de la política –como democracia directa, como revolución, o como dictadura antiburguesa (de derecha o de izquierda)– es aseverar la omnipresencia de la política en todas las esferas de la vida humana. Pero hay esferas de la vida humana —y en la universidad hay esferas de la acción socialcomo la docencia, la ciencia, la investigación y la cultura— que no son políticas y que no tienen que ver directamente con la política. La política es una potencia determinante que interactúa frente a otras. Ninguna potencia puede ser preponderante. “Lo que hace libre al hombre no es la preponderancia de un único determinante, sino la sobreabundancia de determinantes, propios de la realidad humana natural e histórica” (Marquard, 76; 2012). Pienso que esta filosofía pluralista (situada entre el liberalismo de la democracia representativa y el republicanismo de la democracia de los antiguos) es necesaria y provechosa si se quiere adoptar un compromiso filosófico y político a favor del individuo y la libertad.

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Bibliografía

- Bobbio, N., El Futuro de la democracia, FCE, 1992, México.

- Castoriadis, C., (1988), Los dominios del hombre: las encrucijadas del laberinto, Gedisa, Barcelona.

- Della Porta, D., (2013), Can Democracy be Saved. Participation, Deliberation and Social Movements, Polity Press, Cambridge.

- Hoyos, L. E., (2009), “Democracia y universidad. Un alegato político a favor del derecho a no ser político”, en: Cepeda, M., Arango, R. (comp.), Amistad y alteridad, Bogotá, Universidad de los Andes: 353-370.

- Kelsen, H., (1920), De la esencia y valor de la democracia, México, Ediciones Coyoacán.

- Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal , 2010, Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia,FCE, Buenos Aires, 2006.


- Laclau, Ernesto, 2006, La razón populista, FCE, Buenos Aires.

- Marquard, O., (2012), Individuo y división de poderes, Trotta, Madrid.

- Pitkin, H. F., (1967), The concept of representation, Berkeley, University of California Press.