Una tarea primordial de las comunidades académicas de la Universidad es mantener un diálogo permanente

Creado en Martes, 30 Junio 2015

Retomamos un texo de Borys Bustamante Bohórquez, exvicerrector Académico de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, en donde hace una interesante reflexión sobre la dimensión y responsabilidad de lo que significa una acreditación, en un ejercicio aplicable a cualquier IES.

Creemos que no es exagerado afirmar que en este momento la Universidad Distrital se halla enfrentada a uno de los mayores retos en sus 65 años de historia: emprender la obtención de la acreditación institucional de alta calidad. Este reto, que hoy alcanza su plena dimensión, exige de parte del Alma Mater la movilización y participación integral de todos sus miembros y de todas sus unidades académicas administrativas para poder satisfacer, de la mejor forma, el conjunto de condiciones y requerimiento que la tarea de la acreditación nos demanda. Este es el propósito que pretende desarrollar esta reflexión con el objeto de contribuir a enriquecer la conciencia y la acción de todos quienes debemos hacernos partícipes del cumplimiento de esta tarea.

¿Qué significa hoy la acreditación institucional de alta calidad para nuestra universidad? El reto del que estamos hablando tiene que ver con la necesidad no solo de pensarnos y asumirnos, como institución educativa, en calidad de proyecto cultural, social y político así como espacio y escenario privilegiado para la promoción y crecimiento de los jóvenes provenientes de los sectores populares de la ciudad y el país, sino también como el lugar que habitan cotidianamente las comunidades docentes, académicas y administrativas; todo esto suma lo que es la universidad, vista, en su máxima expresión, como eje de pensamiento y acción, es decir, como institución diferenciada en el ámbito educativo y cultural con la responsabilidad histórica de ofrecer a las generaciones del presente y el futuro una formación de excelencia, integral en todos los aspectos, de modo que nuestros egresados sean auténticos exponentes de lo mejor de la ciencia, la educación, el arte y la cultura contemporáneas y así mismo sujetos activos con responsabilidad ética, política y social antes sus conciudadanos y ante la sociedad en su conjunto. A nuestro juicio, este es el reto al que hoy accedemos frente a la responsabilidad pública que hemos señalado, para cumplir a cabalidad con la cual solo podremos hacerlo satisfaciendo las condiciones para la acreditación institucional de alta calidad.

De acuerdo con lo expuesto, nos parece pertinente hacer explícitos algunos de los rasgos esenciales que en materia de calidad determinan lo que entendemos y asumimos como acreditación institucional de alta calidad. Esos rasgos son:

Tradición y contemporaneidad en relación con conocimiento, saberes, artes y tecnologías.

Una tarea primordial de las comunidades académicas que habitan la Universidad Distrital se centra y se potencia en mantener un diálogo permanente y una fructífera interacción entre las fuentes y prácticas que dominan la tradición cultural de nuestro país y aquellas otras provenientes del constante cambio y renovación que como sociedad desplegamos tanto histórica como contemporáneamente. Esa síntesis, fecunda siempre, es la que da forma y contenido a los saberes y haceres que practicamos y desarrollamos en la cotidianidad académica en todas sus dimensiones investigativas y docentes y en la proyección social. En este aspecto reside la sabiduría que consolidan nuestros estudiantes a lo largo de su proceso formativo, así como la capacidad que adquieren para interactuar, con provecho, en los espacios propios de su ejercicio profesional. Por ahí pasa, en consecuencia, ese primer rasgo de calidad del proceso formativo que adelantamos en la universidad y que debe evidenciarse en los diversos procesos, informes, evaluaciones y balances del Alma Mater como institución educativa proveedora de conocimiento.

Vocación social y humanista de nuestra universidad

Un segundo rasgo de la noción de calidad ligada a la tarea de la acreditación institucional tiene que ver directamente con la vocación social y humanista del Alma Mater. No solamente porque dicho rasgo tenga carácter misional, tal como se contempla en los principios fundacionales de la universidad y como se recoge en el Proyecto Universitario Institucional, sino también por la convicción que orienta y direcciona la actuación del claustro como comunidad orgánica. La institución se debe a su capacidad de interpelar e interactuar con la sociedad colombiana en su conjunto. Tanto en su dimensión histórica como presente, el matiz social del proceso formativo en la Universidad Distrital se refleja en el quehacer que adelantan todas sus unidades académicas, en los saberes que se imparten y en los modos de abordarlos, en las finalidades que se proponen, en las búsqueda de objetos de investigación y creación y en los logros y productos en los que se cristaliza toda la actividad educativa, productiva y pedagógica de esta universidad. El quehacer educativo-formativo que nos inspira responde siempre a la preocupación de poder interpretar con provecho y beneficio las búsquedas y expectativas que recorren los intereses de los diversos grupos sociales y culturales; por tanto, es una educación para el diálogo, la interacción, el encuentro, la convivencia y el desempeño solidario para la búsqueda de transformaciones sociales siempre con rendimiento social. A lo anterior se añade la vocación humanista, es decir, la concepción de que lo humano es el fundamento de todo lo que se hace en la universidad: del hombre para el hombre. Una sociedad de seres humanos inmersa en unas relaciones armónicas con el entorno natural y las otras formas de vida, provista de la autonomía suficiente para forjarse su propio destino y para enfrentar el presente sea cual sea la configuración de este.

El sentido y valor de lo público en la Universidad Distrital

No solo por el hecho de ser una institución pública, sino también y primordialmente porque la esfera pública es la razón de ser de la vida social de la sociedad misma, lo público constituye otro rasgo esencial en nuestra caracterización de lo que entendemos por una acreditación institucional de alta calidad. Lo público se nos muestra como un derecho y un deber, hace parte de nuestro ser individual y social, es un bien natural, material, institucional e intangible y, por esto mismo, se convierte en principio regulador del ser, del pensar y del quehacer formativo en nuestra Institución. La interiorización dinámica y crítica de este postulado, por parte de todos y cada uno de los miembros de la comunidad universitaria, constituye una de las motivaciones centrales en la labor educativa que adelantamos en el Alma Mater. Acorde con este planteamiento, educar en nuestra universidad es formar sujetos sociales con clara conciencia del valor sagrado que tiene lo público para cualquier colombiano. Pero esta conciencia por sí sola no sería suficiente para dar cuenta del pleno significado que le otorgamos a dicha noción. Lo público también tiene que ver con el modo como usamos, nos apropiamos, preservamos y distribuimos los bienes y la riqueza, siempre con una dimensión social. De manera que dentro de la escala de valores o, si se quiere, dentro de los fundamentos éticos y morales que presiden la acción educativa, en esta universidad está y estará siempre y de forma explícita el mandato porque cada egresado sea un guardián insobornable, un veedor permanente del cuidado, la protección y la adecuada utilización de lo público en todos los niveles de la vida social.

Convivencia y productividad de las comunidades universitarias

En tanto la universidad está integrada por los diferentes grupos de trabajo académico, investigativo, administrativo y directivo, la convivencia armoniosa y constructiva de todas estas comunidades es condición indispensable para la buena marcha y el funcionamiento adecuado de nuestra universidad. Comunidad de comunidades, comunidad de diálogos e interacciones, eso es lo que implica el término Universidad, y a ese espíritu nos debemos todos los miembros de la institución. Queda claro que para dicha convivencia existen unos presupuestos mínimos cuya observancia y acogimiento está por encima de cualquier eventualidad: el respeto mutuo basado en el conocimiento y reconocimiento de la diversidad y la diferencia; la solidaridad y la tolerancia como marcos para la interacción; el dialogo y el debate de ideas y propuestas; la unión responsable frente a tareas comunes y al cumplimiento de compromisos que respaldan la imagen de la Institución ante la sociedad; y el uso intensivo y cada vez más creciente de la capacidad para crear, explorar, imaginar y materializar propuestas y soluciones encaminadas a ligar productivamente los saberes de la universidad con la solución de las grandes problemáticas del país.

En este contexto, se hace factible consagrar como premisa trasversal de la vida del Alma Mater el uso público de la razón y la palabra para escucharnos entre nosotros y para escuchar las voces y manifestaciones que desde la sociedad reclaman la atención y la dirigencia de la universidad.

La formación de seres humanos en la Universidad Distrital

El último rasgo de esta noción de calidad que queremos destacar es aquel que enunciamos bajo la consigna de que en esta universidad, a diario, en cada espacio académico, en cada lugar institucional, en cada iniciativa que surja, estaremos inmersos en el proceso de formar individuos y personas como seres humanos para la dignificación de la vida o, si se quiere, para el buen vivir, ese mandato perenne en todas las grandes doctrinas y formas de pensamiento que tienen como finalidad servirse del saber, del conocimiento, de la técnica, de las artes para ponerlas al servicio y el beneficio de seres humanos que en sociedad y solidariamente construyen cada día la libertad y la posible felicidad que deviene de ese esfuerzo de aspirar a ser mejor; en otras palabras, el buen vivir, del día a día, en una sociedad decente.

En la Universidad Distrital estamos convencidos de que por aquí pasa no solo un ideal sino también todo un conjunto de prácticas sociales y culturales, políticas e institucionales que nos caracterizan e identifican como una universidad con vocación democrática y popular.

En razón de lo expuesto queremos insistir, una vez más, en la tesis de que estamos enfrentados a un reto que demanda la participación colectiva y organizada de todos los estamentos para alcanzar la meta anhelada de la acreditación institucional de alta calidad para nuestra Universidad Distrital.