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Educación y democracia tras el ingreso de Colombia a la OCDE

Por: WILSON LEANDRO PARDO OSORIO. Acreditación. U. Javeriana

Junio 2018 «La educación nos prepara no solo para la ciudadanía, sino también para el trabajo y, sobre todo, para darle sentido a nuestra vida».

Martha Nussbaum (2010, pág. 28)

El 30 de mayo del año 2013 el Gobierno de Colombia recibió una invitación formal para iniciar el proceso de adhesión a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), institución que se define a sí misma como un «foro global de políticas económicas» (OCDE, 2013). Los portales de gobierno, los canales de prensa, la Web, la televisión y la radio iniciaron a divulgar la noticia resaltando la importancia y trascendencia de dicho evento para nuestra nación, así como también haciendo saber que en la historia de la OCDE Colombia era el país que menos tiempo había tardado en obtener esta invitación –dos años y medio según informó el gobierno– incluso comparado con Chile, país que tardó cinco años en conseguirlo luego de manifestar su interés inicial.

El portal Web de la Presidencia de la República destacó entre los beneficios para Colombia que: «La nación mejorará cada vez más la calidad de sus políticas públicas y se medirá por los más altos estándares de calidad»; se afirmó que con este hecho: «incrementará la confianza inversionista, aumentará la generación de empleo y Colombia se seguirá posicionando en los escenarios mundiales en materia económica y política». Finalmente, el presidente Juan Manuel Santos resaltó en una cápsula de vídeo lo extraordinario del evento y dejó grabados en la mente de los colombianos mensajes como los siguientes (Presidencia de la República de Colombia, 2013):

  • «La OCDE es una organización compuesta por 34 de los países con las mejores prácticas económicas y sociales del mundo, lo que significa que Colombia ingresa a un “club de buenas prácticas” donde están los países con mejores perspectivas y mejor desempeño».
  • «Debo aclarar que la OCDE no nos va a decir qué hacer, pero sí nos dirá cuál es la mejor manera de hacer lo que queremos hacer».
  • «Sólo los mejores son invitados, y Colombia está dentro de ellos».

Noticias como esta no ocurren todos los días, de hecho, fue una de las noticias económicas más destacadas del año 2013. Ahora bien, exactamente cinco años más tarde, el 30 de mayo de 2018, el presidente de Colombia ha firmado oficialmente la adhesión de nuestra nación como país número 37 que se integra a la OCDE. Resta únicamente la ratificación del Congreso de Colombia para sellar la incorporación oficial de la Nación.

 ¿Qué implicaciones tiene este evento?, ésta será una cuestión analizada por muchas personas y entidades dentro y fuera de nuestra nación; se avecinan múltiples acontecimientos derivados, vendrán amplios debates, posturas, planes, decisiones y políticas que surgirán y se alinearán con este suceso, el cuál sea como sea no pasará desapercibido y con gran certeza afectará nuestras vidas, incluyendo allí el ámbito democrático y el educativo.

He querido iniciar esta reflexión sobre democracia y educación partiendo entonces de la noticia mencionada ya que viene muy a propósito para tratar temas como el de la globalización; la protección de los derechos económicos, sociales y culturales; el derecho a la historia; el valor de la democracia y el papel preponderante que tiene la educación en todo este contexto. En consecuencia, procuraré presentar brevemente algunas reflexiones en torno a estas temáticas aprovechando las implicaciones que observo ante el ingreso de Colombia en lo que algunos medios de comunicación han dado en llamar como «el club de los países ricos».

Globalización, democracia y educación

El capítulo 5 del libro titulado «Sin fines de lucro», escrito por Martha Nussbaum (2010), presenta al inicio una frase escrita por Tagore en el año 1931: «De repente, los muros que separaban las razas se han derrumbado y nos encontramos parados frente a frente». Imagino que la palabra globalización ya es un término de uso común en el lenguaje cotidiano de muchas personas en el mundo, seguramente es empleada en conversaciones que van más allá de temas profesionales o técnicos, políticos o económicos, está en el argot popular y cada día gana más terreno entre la población; es posible hacer una consulta exhaustiva sobre el término e incluso analizar conceptos de palabras semejantes como universalización o globalismo –al respecto un artículo del pensador Colombiano Mauricio Montoya Londoño (2012) presenta interesantes aclaraciones–, pero ante todo, subyace la certeza de que no estamos solos, cada sociedad ve ahora más a sus contemporáneos, conoce más detalles (significativos o no) del mundo que les rodea, vive la inmediatez, como afirma Tagore estamos de pie frente a frente.

Las implicaciones que conlleva el aceptar que los muros han caído hacen pensar cuáles son los pros y los contras de dicha situación; dado que no es un fenómeno directamente controlable por las personas ni los estados sino que más bien se configura como una realidad que debemos saber afrontar, genera múltiples opiniones y posturas en todos nosotros, y efectivamente trae beneficios y perjuicios, pasajeros o más perdurables pero que sencillamente se sucederán. Ahora bien, el ser humano ya sabe que vive en un dinamismo permanente, la vida es cambio y la globalización es solo una de las diversas fuentes que lo generan, ya debemos estar acostumbrados a movernos y adaptarnos, de hecho parte de la inteligencia de los seres vivos radica en su capacidad para lograr adaptarse al variable medio y tiempo que les rodea.

Sin embargo, hay más, también hay oportunidades, espacios para pensar y crecer, escenarios donde se puede lograr mejorar y sacar provecho del momento que nos corresponde vivir. Colombia sigue siendo un país democrático y como tantas otras naciones su destinó viene ligado a este valor universal, como afirmara el nobel de economía Amartya Sen «[…] entre la gran variedad de acontecimientos ocurridos durante el siglo XX, no encuentro dificultad alguna en elegir uno como fundamental: el ascenso de la democracia» (2009, pág. 56).

Es allí, en este mundo globalizado –y en gran medida democrático–, donde entrar a formar parte de una entidad como la OCDE nos obliga a reflexionar; como todo depende del lente con que se mire es lógico que muchos vean que esto puede ser nocivo para la democracia, que puede minar el valor liberador y constructivo de ésta y que puede someter al país al rumbo fijado por un conjunto de gobiernos extranjeros, pero también habrá quienes vean en este evento la posibilidad de aprender de otros nuevas maneras de hacer las cosas, distintas posibilidades para crear y recrear, inexploradas formas ya recorridas y validadas en otros contextos diferentes pero no por ello totalmente disimiles de nuestras problemáticas. Entonces se comprende mejor por qué el presidente dijo lo que dijo –y repito la frase citada previamente –: «Debo aclarar que la OCDE no nos va a decir qué hacer, pero sí nos dirá cuál es la mejor manera de hacer lo que queremos hacer».

Paralelamente podemos interrogarnos ¿qué efectos tendrá esto en la educación del país?, quiero referirme por ahora solo a una consecuencia. La primera vez que escuché hablar de la OCDE fue cuando me enteré que esta organización es quien lidera las pruebas PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes, por su sigla en inglés) en el mundo entero, las cuales son la esencia de un estudio internacional comparativo de evaluación educativa. Entonces bien, independientemente de los sentimientos que generen, tales pruebas existen, se aplican y divulgan sus resultados; por otra parte, el deseo de comparación es inevitable, todo el mundo quiere saber cómo le fue, ¡no presentas un examen para quedarte con la duda sobre el resultado!, y si puedes mirar cómo le fue al vecino de aquí o al de por allá, pues mejor; así que las PISA terminan, ordenando, jerarquizando y clasificando. Personalmente estoy convencido que esto será una de las primeras cosas que más influirá en la educación colombiana durante las próximas décadas.

¿Por qué lo anterior? En su disertación inaugural del primer Foro de Pensamiento Social Estratégico de América Latina, al referirse a la pobreza y las situaciones imprevistas que llevan a variaciones de la conversión del ingreso en el nivel de vida, Amartya Sen explicó un concepto muy interesante al que denominó «diferencias entre las perspectivas relacionales», el cual en sus palabras parte de la siguiente idea:

Por ejemplo, «aparecer en público sin sufrir vergüenza» en una sociedad rica puede exigir estar mejor vestido y exigir señales más visibles de consumo que en una sociedad pobre (como ya lo observó Adam Smith hace más de dos siglos en su obra la riqueza de las naciones). Lo mismo sucede con los recursos necesarios para participar en la vida de la comunidad y hasta para satisfacer las necesidades básicas de dignidad (Sen, 2008, pág. 37).

En coherencia con este pensamiento, fortalezco mi opinión de que Colombia no hará parte de la OCDE para ser la cenicienta en educación ni ocupar los últimos escalones en los resultados de las pruebas (PISA u otras); como reflexiona Sen, el país buscará estar a la «altura» de otras naciones, de ninguna manera ser el rezagado.

En consecuencia cabe esperar, con gran probabilidad de que así sea, que los gobiernos nacionales realicen cambios educativos encaminados principalmente a que Colombia mejore cada vez más su posición internacional en los diferentes índices que emplea la OCDE, es lógico que los cambios no se hagan esperar porque como lo afirma el presidente Santos –y como ciertamente lo verán nuevos mandatarios nacionales– ellos (la OCDE) son los mejores, con los mejores desempeños, las mejores prácticas y las mejores perspectivas; por consiguiente el camino para Colombia se observa muy marcado, ya que ellos (OCDE) nos sugerirán «cuáles son las mejores maneras de hacer lo que queremos hacer».

La protección de los Derechos económicos, sociales y culturales, el derecho a la historia y el valor universal de la democracia

Como miembro de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura –Unesco– desde 1947, Colombia en su Constitución Política vigente (1991) evidencia su compromiso con el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Unesco, 1966), el cuál en sus artículos 13 y 14 establece una serie de importantes compromisos de nuestro país en materia educativa. Como nos lo deja saber el jurista colombiano Luis Alfonso Fajardo Sánchez (2005), los estados tienen cuatro obligaciones fundamentales en relación con este tipo de derechos (Abreviados por Fajardo como DESC –Derechos Económicos, Sociales y Culturales–):

Ahora bien, siendo responsabilidad del estado colombiano el proteger, respetar, satisfacer y sancionar en materia de Derechos Humanos, es consecuente pensar que en el marco democrático de nuestra nación el deber de todo gobierno permanecerá firme frente a estas obligaciones, por encima de cualquier lineamiento, orientación, sugerencia o incluso aparente imposición de cualquier organismo exterior al que Colombia se halle vinculado.

No obstante, despierta muchas alertas nacionalistas el hecho de que nuestro país se integré día tras día a más bloques mundiales de poder, se multipliquen los tratados de libre comercio, crezcan nuestras participaciones en diálogos frente a problemas multinacionales (armamento, protección del medio ambiente, normas laborales, terrorismo, minería, entre muchos otros) y nuestros habitantes más cosmopolitas se sientan imbuidos por la idea de ser lo que Martha Nussbaum llama «los ciudadanos del mundo».

En consecuencia, conviene construir y mantener un justo equilibrio, es importante que la nación avance en su proceso casi natural de maduración y consolidación de la democracia entendida seguramente como la mejor opción que tiene nuestro país en el panorama civil y político del siglo XXI, encuentro que una excelente visión de esa «nueva democracia» es muy cercana a la planteada por el sociólogo francés Alan Touraine quien al respecto afirma: «Ya no queremos una democracia de participación; no podemos contentarnos con una democracia de deliberación; necesitamos de una democracia de liberación» (Touraine, 1994, pág. 28). Lo anterior implica la posibilidad que debe tener cada ciudadano para opinar, comprometerse y actuar en pro de su pensamiento individual e igualmente colectivo, entonces en este marco es donde cabe reflexionar sobre nuestro papel en la educación propia y de nuestro prójimo comprendiendo que si bien es menester atender nuestra propia situación local (nacional) nos es imposible desconocer nuestra conexión global que seguirá su curso obligado y nos hará pensarnos cómo lograr vivir mejor aceptando que somos parte del globo, vinculados igualmente en materia económica, educativa y política así como en prácticamente toda dimensión social y cultural.

Con lo planteado hasta este punto es relevante redondear con una idea inmersa en este escrito y asumida como verdadera: el valor universal de la democracia y su relación con la educación. Efectivamente la encuentro plenamente real, casi todos los autores que he venido mencionando concuerdan al respecto, Nussbaum indica « […] no nos vemos obligados a elegir entre una forma de educación que promueve la rentabilidad y una forma de educación que promueve el civismo» (Nussbaum, 2010, pág. 30) posteriormente concluye que ambas deben coexistir y son necesarias –claro que da el papel fundamental a la segunda–. Amartya Sen, partiendo del desastre que la guerra de Iraq y las consecuentes criticas generadas a la democracia creó su libro titulado «el valor de la democracia», donde la identifica plenamente como valor universal, su importancia dentro del proceso de globalización y su reivindicación como elemento constructor de las sociedades, incluso extendiéndolo a los niveles de Libertad como menciona Touraine y acudiendo a otros pensadores como Ghandi y Tagore:

Cuando Rabindranat Tagore defendió la «libertad de pensamiento» como valor universal, no pretendía la aceptación universal de su alegato, sino más bien el hecho de que todos tenían alguna razón para aceptarlo –razón por la que hizo todo para explorar, presentar y propagar esas razones.

En la misma línea, Fajardo en su escrito sobre la Globalización de los Derechos Humanos, al insistir en la idea de la universalidad de la democracia, el derecho a la historia y la posibilidad de cada pueblo a encontrar su camino propio sin negar el vínculo con el mundo, cita acertadamente a un destacado antropólogo mexicano, el maestro Guillermo Bonfil Batalla, quien expresara:

Frente a la idea de que la historia universal y única es la historia de occidente, innumerables pueblos afirman que su historia es tan válida como cualquier otra, que la historia de occidente expansionista y poderosa los influye pero no los determina inexorablemente; que se puede convivir con occidente y con los demás pero que coexistir es eso: existir juntos, nunca existir a condición de renunciar a ser, a existir (Bonfil (2008), citado por Fajardo (2009), pág. 15).

Para concluir, considero que en principio, aunque a la fecha nuestro país sea miembro de cinco organizaciones internacionales[1] –y estemos integrándonos a otras como la OCDE y la OTAN– se esperaría que prevalezca nuestro derecho a la historia y que tanto el gobierno como el pueblo logren ejercer una democracia con autonomía y madurez, dando prioridad a las necesidades sociales propias del país y desde luego integrando apropiadamente las ideas que sobre buenas prácticas podamos obtener en el panorama internacional.

Finalmente, es claro que existen miradas diferentes, personas igualmente destacadas –como Martha Nussbaum– nos hablan con franqueza sobre una crisis en los sistemas educativos de mundo, de hecho más aguda en esas naciones consideradas como las más desarrolladas –casi todas ellas integrantes de la OCDE–, no es cierto que todo sea «color de rosa» y que las cosas vayan perfectamente por allí; así que, haciendo un acto de valentía racional, debemos detenernos a pensar bien cómo manejar adecuadamente esta integración a la OCDE sin dejar que ello nos lleve a repetir desaciertos, procurando tomar lo bueno y sacando con ojo crítico lo que no nos es pertinente e incluso nos es nocivo, se trata pues de pensar realmente nuestro camino como país democrático a favor de la educación que queremos y necesitamos sin cerrarnos exclusivamente a lo que el mundo considera el fin último en educación, ya que el resto del mundo también tiene problemas y fallas en sus procesos educativos.

Trabajos citados

Fajardo Sánchez, L. A. (Julio de 2005). La protección de los derechos económicos, sociales y culturales, DESC, en el sistema interamericano de protección de los derechos humanos. IUSTA(23), 44-64.

Fajardo Sánchez, L. A. (25 de Noviembre de 2009). Globalización de los Derechos Humanos. La “teoría de las generaciones”, ha muerto, ¡viva la teoría de la generación de Viena! Obtenido de Portal de la revista virtual Via Inveniendi Et Iudicandi (Números anteriores): http://numanterioresviei.usta.edu.co/articulos/edi9/08-Alfonso-Fjardo/GLOBALIZACION%20DE%20LOS%20DERECHOS%20HUMANOS%20-%20ALFONSO%20FAJARDO.pdf

Montoya Londoño, M. (2010). Ética y derechos humanos. La importancia del concepto “validez moral” de Jürgen Habermas para la justificación racional de los derechos humanos. Magistro, 4(7), 127-142.

Montoya Londoño, M. (2012). Derechos y ciudadanía: conceptos básicos para la construcción democrática. Magistro, 6(11), 65-86.

Nussbaum, M. C. (2010). Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. Buenos Aires: Katz editores.

OCDE. (5 de Mayo de 2013). La OCDE amplía su proyección global iniciando conversaciones de adhesión con Colombia y Letonia, seguidos de otros países. Obtenido de Portal oficial de la OCDE: http://www.oecd.org/newsroom/la-ocde-amplia-su-proyeccion-global-iniciando-conversaciones-de-adhesion-con-colombia-y-letonia-seguidos-de-otros-paises.htm

Presidencia de la República de Colombia. (5 de Mayo de 2013). Ingreso de Colombia a la OCDE es ‘un reconocimiento a los logros del Gobierno y del país’: Presidente Santos. Obtenido de Sistema Informativo del Gobierno: http://wsp.presidencia.gov.co/Prensa/2013/Mayo/Paginas/20130530_02.aspx

República de Colombia. (Septiembre de 2011). Constitución Política de Colombia. Obtenido de Portal Web Alcaldía de Bogotá: http://www.alcaldiabogota.gov.co/sisjur/normas/Norma1.jsp?i=42255

Sen, A. (2008). Una mirada estratégica a los temas sociales clave: la pobreza, el mal y el delito. En B. Kliksberg, Pensamiento social estratégico: una mirada a los desafios sociales de América Latina (págs. 29-42). Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Sen, A. (2009). El valor de la democracia. Madrid: Ediciones de intervención cultural / El Viejo Topo.

Touraine, A. (1994). ¿Qué es la democracia? Madrid: Ediciones Temas de Hoy.

Unesco. (16 de Diciembre de 1966). Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Obtenido de Portal oficial de la Unesco: http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=26058&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

[1] Organización de las Naciones Unidas, ONU (1945). Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco (1947). Organización de los Estados Americanos, OEA (1951). Pacto de Integración Subregional Andino (1969). Asociación Latinoamericana de Integración, Aladi (1980). Ver Constitución Política actualizada en septiembre de 2011 de conformidad con la versión del Senado de la República de Colombia (2011, pág. 2).

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